DIARIO 6 DE ABRIL, 2007

Ya estamos en marzo. Nos acercamos a abril y las festividades de “Semana Santa”, que en realidad son “La Pascua” y no son festividades sino conmemoración. Muchos cristianos llaman pascua a la Navidad, otro error que se ha oficializado. El texto que sigue es lo que escribí el 6 de abril del 2007:

Sigo escribiendo mi diario en esta página, porque tengo problemas técnicos para actualizar ABCNESTOR Nota: antigua página que ya no existe.

Hoy he tenido pocas horas de trabajo, pero he salido con mis alumnos por las calles. Puesto que no soy cristiano, no celebro estas fiestas. Para mí éste es un día normal de trabajo.

Hoy es viernes, llamado Viernes Santo por una gran cantidad de seres humanos del mundo entero, tal vez la mitad de la población mundial. El nombre correcto es Pascua. Semana Santa es un término más nuevo, para realzar más el significado de esta fiesta y diferenciarla de la verdadera Pascua (la pascua judía).

Como muchas otras festividades, la Pascua tiene un origen mucho más antiguo y muchos de los ritos que se usan son más antiguos aún. Son ritos profanos que han sido absorvidos, primero por la religión judía y luego por las religiones cristianas.  Ver: LA HISTORIA DE LA PASCUA, ORIGEN Y VERDADERO SIGNIFICADO DE LA PASCUA.

Como en otros años, yo siempre me hago la mismas preguntas en estas fechas: ¿Qué significado tiene esta fiesta para los cristianos del mundo? ¿Entienden los católicos y los protestantes el contenido de estas festividades?

Creo que es fácil obtener la respuesta:

Son muy pocos los cristianos que entienden el significado de esta festividad. Y no es el mismo que tenía yo, cuando yo mismo era cristiano. Para mí, la Pascua tenía un significado muy importante. Eran fechas de recogimiento, de humildad y de oración.

Los únicos que entienden esto son los sacerdotes, las monjas, los pastores y las personas que están más cercanas a las iglesias. Pero para el resto de los creyentes, estas fiestas son para descansar y para divertirse, para dar rienda suelta a la gula y a una serie de otros vicios, algunos de los cuales hacen aumentar los accidentes de tráfico, los crímenes y delitos de toda índole, además de perjudicar la salud.

Es lo mismo que pasa con la fiesta de la Navidad. Nadie intenta ser más humilde en esa fecha ni hacer algo por su “prójimo“. Todo el mundo aprovecha de festejar, de beber y comer hasta hartarse. Todos se desesperan por congraciarse con sus amigos y familiares y compiten en comprar regalos para todos los que conocen. Es una fiebre de consumismo, totalmente distinta a lo que deberá ser, si se siguiera la doctrina cristiana.

A estas horas en los hogares de Suecia, por ejemplo, se reúnen los familiares y llenan las mesas con distintos tipos de comida, que por lo general les ocasiona indigestión u otros problemas a los comensales, que se maravillan con los sabores de los manjares, los quesos, el pescado, etc. Lo curioso es que mucha gente aumenta de peso, considerablemente, en estas fechas. ¡En las fechas de recogimiento y humildad!

Me gustaría visitar cada uno de los hogares y preguntarles a cada uno de los que se están hartando de comida, si en ese momento están pensando en tanto niño desamparado, en los pueblos del Tercer Mundo, en aquellos seres raquíticos, que no tienen siquiera un mendrugo para llevarse a la boca. También me gustaría preguntarle a cada uno de ellos si piensa en Dios en ese momento, si piensa en el “sacrificio” que hizo el Cristo al que dicen amar, aquél que se sacrificó, según el Nuevo Testamento, por los pobres de esta tierra.

Yo creo saber esa respuesta, también: no, en estos momentos nadie piensa en las injusticias que hay en el mundo, nadie piensa en el amor ni en el sacrificio. El sacrificio ya lo hizo un hombre o un dios. Eso le basta a la mayoría de aquellos que dicen llamarse cristianos pero que son la antítesis del cristianismo.

Recuerdo que cuando yo era niño, no se oía más que música religiosa en las radios. Mi madre me llevaba a la iglesia para el miércoles de ceniza. El día viernes no se podía comer carne, sólo pescado. Todos esos días eran de pena, de tristeza, que al final era compensada con la fiesta de Resurrección. Esa es la pascua que yo recuerdo… de aquella época en que yo era cristiano.

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Aún no hemos llegado a esas fechas, pero estamos cerca. Cada año hago, más o menos, las mismas reflexiones.

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