COMIENZAN LOS CAMBIOS… YA?

Es el 26 de mayo y viajo en el tren local. Un bebé llora y sus padres no lo saben hacer callar; menos mal
bajan en Karlsberg.

El día está hermoso, hay sol; ayer estaba nublado y hacía mucho frío. En el Metro tuve que viajar de pie, venían muchos ninos de alguna escuela. Se bajaron en la estación central, casi todos eran hijos de extranjeros. La mayoría de los pasajeros del vagón también eran extranjeros.

Voy rumbo a la incógnita, seré entrevistado, extrano para mí, después de tantos anos habiendo entrevistado yo a quienes deseaban trabajar. Pero es necesario, ya no tengo empresa ni capital para abrir una, tampoco tengo interés en hacerlo. En caso contrario jamás habría cerrado las empresas que tuve antes.

Llevo pocos documentos para presentar, apenas cuatro
documentos muy antiguos, faltan todos los últimos certificados y diplomas. Pero es posible que baste con lo que llevo.

Hoy no sé si podré ir a vigilar a la plaza de Skärholmen,
ayer no lo hice por el frío. No creo que la mujer salga los días que hace mucho frío a menos que tenga alguna necesidad muy perentoria, eso se vio obligada a hacerlo en invierno.

Temo que a pesar de tener su imagen grabada y la
denuncia a la policía, esta mujer se me escape y con ella mi dinero y mis importantes documentos.

Voy temprano a la cita, que es a las 10 y media y lllegaré
mucho antes de las 10. Me gusta llegar temprano y en Suecia es fácil hacerlo, gracias a las buenas comunicaciones con la combinación de buses, Metro y tren
local, algo imposible por ahora en los países suramericanos.

Mientras viajo en tren veo todos los sitios donde antes practiqué con mis alumnos y pienso que nuevamente volveré a los mismos lugares, habiendo afirmado muchas veces que jamás me volvería a sentar al lado de una persona para ensenarle a conducir. Eso ya estaba completamente descartado. Entonces he recordado las palabras de mi madre, que me decía “nunca digas de esta agua no he de beber” porque tal vez te verás obligado a ello
algún día. Y heme aquí, dispuesto a hacer una de las cosas que mejor sé hacer pero que me había cansado, por la prepotencia y la mala actitud de muchos examinadores de lo que antes era Vägverket (Dirección Vial).

Llegué a las 9 y 35 y empecé a recorrer el sector. Fue
fácil encontrar la autoescuela, que tiene un competidor a solo unos cincuenta metros.

Después de famliarizarme con el sector entré a la
biblioteca, menos mal, lavabos gratis, primera biblioteca que tiene ese servicio gratuito. Un nino grita, su madre promete irse pronto. Me siento en una de las mesas de la biblioteca. En otra mesa, unas mujeres árabes o africanas (o ambas cosas) están conectadas a internet. Hablan en voz alta y ríen, parece que no saben que están en una biblioteca pública y deben respetar el silencio.

Intento entrar a internet, pero no es possible, creo hay
que tener un código de la biblioteca. No sé si sirve el mismo código que para la biblioteca de Estocolmo, En Haninge tuve que sacar otra tarjeta, la de Estocolmo
me la robó la mujer de las muletas.

Hablo con una empleada de la biblioteca, que me atiende de maravillas. Es una chica alta y joven, de ojos muy claros. No necesito tarjeta y basta con elegir la conexión correcta. Me explica con mucha aciencia todo el
funcionamiento de la biblioteca, lo que puedo bajar desde casa por Internet, utilizando mi código personal. Tengo que interrumpirla porque de lo contrario puedo llegar atrasado a mi cita.

De todos me inscribo y obtengo una tarjeta, que me
sirve, además de bajar libros y publicaciones digitales desde casa, pedir prestados libros, películas y música de todas las bibliotecas de la comuna. Con ésta ya soy cliente de tres comunas distintas. En todas las bibliotecas de las tres comunas me han atendido bien.

A las 10 en punto estoy en la autoescuela, que está muy
cerca de la biblioteca. La entrevista es cordial. Primero me atiende la secretaria, muy joven y con acento extranjero. Luego me atiende el dueno de la autoecuela, también extranjero. Mi experiencia y conocimientos juegan a mi favor y es posible que obtenga el trabajo. Necesitan un
profesor que pueda ensenar en espanol. Esto me hizo recordar mi primera entrevista, hace ya más de 28 anos, cuando empecé a trabajar en Jarla trafiskola. Entonces también tenía la ventaja de ser hispanohablante. Entonces me atendieron Jannis Minoudis y Eva Lundin. La diferencia es que ahora hay más profesores que hablan ese idioma y por lo menos hay tres que preparé yo mismo. Por ese motivo no me contrataron directamente, pues hay más solicitantes. Tengo que esperar hasta el lunes para saber si me dan el puesto de trabajo o no.

Ya no escribo en mis cuadernos sino directamente en mi
portátil, que llevo a todas partes. Aquí es impensable que alguien te la quite, como sucede en países latinoamericanos. Es un poco incómodo escribir en los
vagones del tren o del Metro, pero así pierdo menos detalles y me es más fácil escribir luego en mis blogs o para preparar el material para mis libros.

Las comunicaciones son buenas pero hay que correr
mucho para alcanzar a tiempo las conexiones. La gente camina rápido y corre por todos los pasillos, algunas personas atropellan y otras se quedan inmóviles en
algunos controles y obstaculizan el paso. Por ese motivo perdí ayer un ascensor en Lijeholmen y hoy estuve a punto de perder un tren al llegar a la estación central. Todo es muy puntual y los conductores no esperan ni un segundo. Puedes estar a solo unos metros en el momento de cerrar la puetras y saz! se cierran.

No entiendo por qué yo sigo el ritmo. Voy con prisa,
como la mayoría. Es que me gusta la actividad, me aburro caminando despacio. Pero no necesito tener prisa, nadie me espera a una hora determinada, sólo deseo llegar a  casa para preparar almuerzo y luego ponere a escribir, antes debo pasear unos minutos en Skärholmen para ver si tengo suerte con la “fugitiva”.

Vamos pasando las estaciones y va cambiando el aspecto en el interior del vagón; bajan decenas de personas en cada estación y otras tantas suben. Hay todo tipo de
gente, entre extranjeros y nacionales. Hay grupos de muchachas que ríen y gritan. Otros pasajeros están ocupados con sus portátiles (como yo) o sus
teléfonos móviles. Muchos leen libros o revistas,
también hay los que juegan con sus juegos electrónicos o los que oyen música en sus reproductores de MP3. La mayoría viste en forma muy liviana. Yo soy de los pocos
que van muy abrigados.

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