FRÍO Y LLUVIA, MAS VIGILANCIA

Son las 11 y media y estoy en mi nuevo puesto de vigilancia, en la plaza de Skärholmen. He ocupado uno de los lugares preferidos por un grupo de chilenos y otros latinoamericanos que se reúnen casi a diario para hablar sobre sus problemas o para hacer vida social.

Entre ellos destaca una mujer gorda, que siempre usa una gruesa chaqueta con el emblema de Hard Rock Cafe en la espalda. La mujer tiene un comportamiento muy masculino, que en algunos casos llega a superar la forma de comportarse de sus amigos hombres. Fuma, escupe y gesticula como lo hacen los hombres acostumbrados a beber y a compartir con sus amigos en las esquinas de los barrios más marginados de las ciudades latinoamericanas. La mujer ríe abiertamente y bromea con todos sus acompañantes. Sus movimientos son  típicos de personas que suelen estar al margen de la ley. Hoy no están aquí, tal vez alejados por el frío y la lluvia.

Porque es primavera en Estocolmo. Y decir primavera aquí equivale a decir lluvia, frío, viento, humedad. Si bien es cierto algunos días sale el sol y llega a hacer una temperature agradable, la mayor parte del tiempo es nuboso, frío y hay humedad. Hoy hace mucho frío, hasta el extremo de que casi toda la gente se ha abrigado. Yo lo he hecho como nunca. Tengo pantalón doble, calcetines dobles y unos grandes y gruesos zapatos que me regaló mi amigo Lautaro. Mi hija me ha dicho que parecen tanques. Me quedan un poco grandes, pero me siento cómodo en ellos, nunca tengo los pies fríos.

Los dos días anteriores al de hoy no he vigilado lo suficiente en la plaza  ni en el centro de este lugar. La próxima semana tal vez empiezo a trabajar y ya no podré venir a vigilar. Por eso debía hacerlo hoy, a pesar de que el tiempo atmosférico invita a quedarse en casa. Los puestos de fruta y verdura que hay en la plaza tienen pocos clientes hoy. Los días de sol tienen largas colas, porque venden más barato que en los supermercados. Sus antecesores eran mis competidores hace 28 años.

De vez en  cuando se forman pequeños grupos de personas. Hace unos minutos había un grupo de muchachas suecas o de aspecto sueco. Parecían venir de alguna fiesta, por su aspecto cansado y desgrenado. Todas estaban con Resaca. Una de ellas estaba aún borracha. Eructaba y escupía en el suelo, quedándole la baba colgando de la boca. Una de sus companeras tuvo que limpiarle la cara.

Frente a mí hay un grupo de iraquíes contándose sus penurias o sus éxitos. Son ortodoxos, como la mayoría de iraquíes y libaneses que hay en Suecia. Sé distinguirlos muy bien pues tuve muchos alumnos iraquíes, sirios, libaneses, curdos, etc., cuando tenía mi propia autoescuela.

A pesar del frío, algunas muchachas jóvenes van desabrigadas, con pantalón corto o minifalda que más bien parecen trajes de bano. Ese vestuario se justifica cuando hay buen tiempo, pero un día como hoyno debe de ser muy cómodo. Pero es la moda…

Estoy en un banco, a la salida de una iglesia. Algunos hombres se acercan y desean hablar conmigo, hasta que se dan cuenta de que no hablo su idioma. A veces es fácil confundir a los latinoamericanos porque muchos de nosotros nos parecemos a ellos. Y es comprensible, muchos de nuestros ascendientes eran de origen árabe, sirio o turco.

Trabajo con mi portátil, una notebook pequenita de marca ACER. Es mucho más pequeña que todas las portátiles que he tenido, como la Sonny Vaio que me robaron en Barcelona. Es muy cómoda para escribir pues se la puede llevar a todas partes y apenas pesa. Pero es difícil ver la pantalla a causa de la luz solar aunque esté nublado.

Cuando fui al ambulatorio (Vårdcentral), hace algunos días, había un hombre allí esperando el turno. Es un hombre alto y extremadamente delgado. Es difícil entender cómo podía mantenerse en pie sin doblarse. Seguramente ha sido o es drogadicto, de esas personas que están tan acostumbradas a la droga y al alcohol que no son capaces de no comer por inyectarse, beber o aspirar esos venenos. El hombre pasa frente a mí. Su rostro está competamente desfigurado. Es caso como un esqueleto andante.

En el banco que está a mi lado ya empiezan a reunirse algunos chilenos. Menos mal, paso desapercibido para ellos. Es posible que me confundan con un árabe o turco. Hacen comentarios banales sin profundidad. Hablan del mal tiempo o de asunto  locales. Todo es broma para ellos, siempre hacen chistes de cualquier cosa, aunque se trate de algo delicado o grave.

Los chilenos empiezan a tocar el tema de las sanciones de Estados Unidos contra Venezuela. Hablan de China y otros países o conflictos, pero en forma superficial. Cuando se refieren a los gobernantes hablan como suelen hacer cuando hablan de amigos u otras personas. Utilizan las palabras “culiao”, huevón”, “maricón”, etc. para referirse a cuakquier persona. Esa forma de hablar es una de las cosas que jamás me han gustado de los chilenos, incluso cuando yo vivía en Chile.

Mientras escribo observo la plaza. No hay señales de señoras con muletas hoy. Menos aún de la “fugitiva”. Es difícil ver suecos en esta plaza. Son muy pocos los hombres o mujeres con rasgos nórdicos. Cualquiera diría que estamos en una plaza de un país sureuropeo o incluso árabe. Ya son más de las doce y empieza a salir un poco de sol. Inmediatamente disminuye el frío. Pero a los pocos minutos empieza a soplar un viento que cada vez se va haciendo más fuerte. Tan rápido como se había ido el frío, vuelve con más fuerza.

Queda un solo chileno, que recibe una llamada telefónica. Aparentemente habla en forma muy educada, pronunciando bien las palabras, con sus eses y otras terminaciones de consonantes. Mezcla un poco los idiomas, como hace la mayoría de los extranjeros que viven desde hace muchos años en Suecia. El contacto con centroamericanos ha influido parcialmente en su forma de hablar; utiliza la palabra ”ahorita”, en lugar de ahora. Es la primera vez que oigo a un chileno utillizar el  diminutivo de este adverbio. Pasan, entre otra gente, muchos padres o madres con sus bebés en coches. Esta costumbre la han adoptado también los extranjeros.

Finalmente el frío me vence y me voy a refugiar a la biblioteca.

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