DE MARACAIBO A ESTOCOLMO

Son dos días de viaje. Nueve horas en bus, de Maracaibo a Caracas, si se desea economizar el viaje en avión de una hora. Luego viene el viaje al Aeropuerto de Maiquietía, en La Guaira. Si hay mucho tránsito, el viaje puede tomar un par de horas.

29 de febrero:

Todo fue un caos antes de salir de Maracaibo, especialmente la última hora. Después de haber trabajado varios días en una revista, tuve que abandonar la tarea. Me había fallado la impresora/copiadora, que tuve mucho tiempo sin funcionar. El programa de instalación había vencido y había que bajarlo por Internet, lo que no era fácil. Por eso debí llevarlo a otro sitio. Pero entonces hubo problemas con otros programas, hasta que por fin un buen vecino me ayudó a salir del paso. Sin embargo, ya habían pasado muchos días. La revista incluía muchos documentos escaneados y algunas citas interesantes, tanto mías como de personajes importantes.

Cuando todo estaba saliendo bien se terminó la tinta. Una vez comprada ésta, por desconocimiento del sistema, la tinta se desparramó por toda la oficina hasta el techo y se manchó la ropa, en dos oportunidades. Superado eso, el papel se empezó a atascar y salía la mitad de las hojas sin copiar. Se hizo un original de 56 páginas pero lo armé muy mal, a causa del estrés. Por ese motivo se perdieron muchas copias repetidas. Hubo que armar de nuevo el original, pero las copias seguían saliendo mal y la impresora trabajaba más lenta que nunca. Parecía una herramienta enemiga, confabulada en mi contra con invisibles adversarios. Imposible, imposible, sólo había que abandoner una tarea que era tan necesaria para dar a conocer la verdad sobre un serio problema que hay en una comunidad. Decepción y tristeza, mezclada con cierta rabia por cometer tantos errores.

A pesar del estrés y el atraso, habiendo preparado la maleta en forma precipitada, logré llegar a tiempo al terminal de buses Aeroexpress Ejecutivos. Fue un viaje largo, más largo de lo normal a causa de un accidente en la autopista al llegar a Caracas que ocasionó dos muertos y 25 heridos. Era un bus de otra empresa cuyo chofer no había alcanzado a detenerse y chocó con otro vehículo o con algún obstáculo. El frente del bus azul estaba hundido, como una macabra acordeón. El exceso de velocidad es una de las mayores causas de los accidentes en Venezuela. En ese país y muchos otros países latinoamericanos hace falta una nueva legislación al respecto, mayor preparación de los conductores y sanciones más severas para quienes cometen delitos en el tránsito terrestre.

1 de marzo:

Una vez en Caracas tuve que hacer algunos trámites urgentes. No vale la pena escribir aquí todos los sinsabores al intentar enviar un pequeno paquete, lo que finalmente logré hacer. Tomé un taxi para asegurarme de llegar temprano y logré el segundo lugar en la cola para el chequeo correspondiente. Excelente atención del personal de Iberia y de la Guardia Nacional.

Mientras intentaba comer algo y entrar a un centro de comunicaciones se me abalanzaban decenas de vendedores de moneda. Que si quería dólares, que si quería euros o por últmo si quería bolívares. La verdad es que no necesito moneda. Uso mis tarjetas Visa, tanto de Suecia como de Venezuela. Al regreso tal vez sí deba comprar bolívares, muy a mi pesar, porque la tarjeta del Banco Venezuela dejó de funcionar en los cajeros automáticos. Cuando compraba en los puntos de venta, sin embargo, sí funcionaba. Pero aquellos sitios donde quería comprar no tenían puntos de venta.

2 de marzo:

Llegar a Madrid para continuar hacia Estocolmo fue todo un desafío. El avión aterrizó a las 9 de la manana y el siguiente avión salía a las 10:10. Tuve que correr por los pasillos para tomar un tren y luego seguir corriendo por pasillos y pasar controles y subir por ascensores y nuevamente escaleras y pasillos. Tenía que llegar al terminal T4, desde el terminal T4 S. En uno de los controles olvidé mi cinturón. Me di cuenta inmediatamente pero ya se había cerrado la puerta sin retorno. No podía regresar.

Barajas

Aquí se pueden ver los dos terminales, en el aeropuerto de Barajas, Madrid.

Casi sin respirar y con una sed mayúscula, logré llegar a tiempo. En la gate (calle o puerta de embarque) estaba anunciado un vuelo distinto al mío. Pregunté a la empelada de Iberia, la que me informó que se habían juntado dos vuelos en el mismo avión (?), uno hacia Suecia y el otro hacia Finlandia. Satisfecho, esperé a que subieran todos los demás pasajeros. Siempre espero tranquilamente para no cansar las piernas en las lentas colas. Todos los pasajeros tienen su espacio reservado y asegurado . Por lo menos eso creía yo hasta ese momento.

No quise comprar agua porque es cara y no la bebería toda. Además, hay problemas si se sube con botellas de agua al avión. Ya lo he experimentado en otros viajes. Si compraba agua la tendría que tirar. ya compraría agua en el avión. Aún faltaba mucho tiempo. Me dispuse a leer, como es mi costumbre. El embarque estaba lento, había retraso.

Quedé muy sorprendido cuando quise embarcar y un empleado de Iberia me dijo que debía esperar. No era seguro que pudiera subir al avión. Pero, ¿por qué? No entiendo, si he llegado a tiempo y son ustedes (IBERIA) quienes han planeado los vuelos en esta forma… Lo siento, senor pero es que el tiempo era corto…No sabíamos que iba a llegar. Pero he llegado a tiempo. He estado esperando a que suban todos los pasajeros, pero llegué hace mucho rato. Sí pero no creíamos que llegaría porque era poco tiempo… Bueno, sí, dijo otra empleada. Pero no es seguro que llegue la maleta. Me cortó la tarjeta de embarque y me hizo pasar. Pero insistió en que no sabían si llegaría y por eso me habían cambiado el vuelo.  Era absurdo seguir argumentando lo mismo una y otra vez.

Mi enfado iba en aumento a medida que me dirigía hacia el avión. ¿Por qué el personal de Iberia había supuesto que yo no alcanzaría a llegar? Ya me habían reservado un vuelo para más tarde. Pero, para cuando? ¿Para el día siguiente? Igual si sabía lo de la maleta me podía haber quedado un día en Madrid. En tal caso Iberia me tiene que pagar el hotel y las meriendas. Pero cometí el error de llegar a tiempo… si lo sé no me esfuerzo en llegar y recorro con calma todos los pasillos y disfruto viendo revistas, libros y periódicos en las tiendas por las que pasé casi corriendo, casi volando… y no habría perdido mi cinturón en el control.

Continúa en el siguiente artículo… lo del cinturón trae historia…

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