DAVID COPPERPIELD Y MI HIJA

Nueva reunión familiar de dos, mi hija y yo. Preparamos salmón al horno, con patatas y cebolla. Fue un almuerzo delicioso. Antes y después del almuerzo leímos juntos una parte de la novela de Charles Dickens contemporáneo del filósofo y economista alemán, Karl Marx. Nuevamente hubo competencia del teléfono móvil que siempre está en las manos de mi hija, además de un catálogo de productos de una empresa, cuyos artículos son en su mayoría innecesarios. Pero incluyen las cosas “de moda” que usa toda la juventud. Es muy difícil interesar a una adolescente en la lectura de un clásico de la literatura inglesa cuando hay otras cosas que pueden interesarle más.

Sin embargo, algo se logró de nuestra lectura conjunta. Lo más importante fue hacer entender a mi hija la diferencia que hay entre la época de Dickens y la actual, así como algunas similitudes. Hoy cualquiera puede comprar una novela de Dickens, por ejemplo. porque los precios de un libro de bolsillo no son tan altos. Pero estamos muy lejos de llegar a la masificación óptima de la buena literatura y hacerla asequible a toda la población mundial. En el siglo XIX la posibilidad de los habitantes de Gran Bretaña y otros países europeos y Estados Unidos de poder leer las buenas obra literarias era mucho más limitada. En otros continentes esas posibilidades eran prácticamente nulas. La educación, el arte y la música estaban  reservadas para las clases más pudientes. Fue así como esas clases sociales continuaron y siguen teniendo aun en nuestros días muchas más posibilidades  que la clase trabajadora de acceder a la literatura de calidad. Las razones son de tipo económico, de motivación, falta de información, etc. Se destinan increíbles cantidades de dinero en producir películas, revistas,  juegos electrónicos y un sinnúmero de distracciones que alejan a los jóvenes de la lectura. Ni la televisión ni la radio hacen lo suficiente para incentivar a la gente a leer. Al contrario, cada día se produce más basura escrita y audiovisual que aumentan la ignorancia de los jóvenes y niños. Para los adultos también hay una enorme gama de programas de televisión que están destinados a adormecer la conciencia de los trabajadores o de otros grupos de la sociedad que son explotados de mil maneras.

ENLACES:

LA TELEVISIÓN Y SU IMPACTO EN EL AMBIENTE

LA INFLUENCIA NEGATIVA DE LA TELEVISIÓN 

EL LADO OCULTO DE LAGUNAS EMPRESAS 

LOS MEDIOS EDUCAN CONTRA EL CAMBIO

LA INFLUENCIA DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN EN LA CRIMINALIDAD

CÓMO LEER MIS BLOGS

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