INQUIETUD Y RESIGNACIÓN

Hace exactamente cinco meses y cinco días escribí una ODA A LA MUERTE en este blog. Fue el 29 de julio, en uno de esos tantos momentos en los que se se siente la soledad. Quiero decir, cuando se tiene conciencia de ésta. Son momentos en los que coinciden algunos factores que permiten expresar los sentimientos. Uno de esos factores es el tiempo libre y otro es la tranquilidad espiritual que experimenta un ser humano, para poder transmitir un pensamiento que fluye con naturalidad.

Hoy he recordado esa oda debido a una señal de advertencia que me ha enviado mi organismo. Es una señal que me ha inquietado. Aunque debo reconocer que señales similares he tenido antes en mi vida. Pero nunca las consideré importantes. Nunca me inquieté. Tal vez porque entonces era más joven y me sentía más capaz de afrontar cualquier dificultad.

Como expresé en mi oda, nunca le he temido a la muerte y creo que jamás la tendré. No la busco ni la espero, pero a todos nos llega la hora de despedirnos de este mundo. Y frente a eso no cabe nada más que resignación.

Me cuido mucho. Entreno diariamente, en forma metódica y efectiva. Trato de alimentarme en forma sana, pero es imposible lograr este objetivo. No siempre puedo preparar mis propios alimentos y debo comer platos congelados o comidas de restaurantes, que muchas veces son de mala calidad. Es como nadar contra la corriente.

Sé que debería ir al médico y hacerme exámenes. Pero no lo hago porque tengo metas bien definidas que me he propuesto lograr. Ir al médico significa perder mucho tiempo en visitas a distintos sitios y largas esperas para saber los resultados. Eso me impediría viajar, por ejemplo. Además no le tengo mucha confianza a los médicos. He tenido muchas decepciones con la asistencia médica, en distintos países. He sido testigo de muchos errores que se cometen con los pacientes. En una época de mi vida fui enfermero y fui testigo de muchas irregularidades que se cometían y la indiferencia de colegas, de médicos y de jefes o directores.

Espero que las señales de anomalías de mi organismo sean falsas advertencias y no sean nada más que pequenas úlceras que pueden cicatrizar con una alimentación más suave. No siento dolor ni malestar de ninguna naturaleza. Por lo tanto, confío en que no sea algo grave. Sin embargo, no puedo dejar de estar un poco preocupado, porque cualquier enfermedad que se transforme en algo grave puede atrasar o detener mis proyectos literarios y económicos. Ante esto, lo único que cabe es resignarse y seguir trabajando como si no se hubiera recibido señal alguna.

Para mis los amigos o familiares que tal vez por casualidad lean esto, les invito a leer mis otros blogs, especialmente DE VENEZUELA PARA TODO EL MUNDO.

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