LA VIOLENCIA EN EL MUNDO. EL SALVAJISMO O PRIMITIVISMO HUMANO.

Sollentuna, Estocolmo. La temperatura ha variado mucho durante las últimas semanas. Esta mañana hacían sólo 5 grados bajo cero. La mañana de ayer el mercurio bajó a menos de 21 grados. En este momento sólo está en dos grados bajo cero. Esto indica que durante febrero la temperatura puede llegar a 25 grados bajo cero o menos.

Paradojalmente, no siento frío. Por supuesto que siempre voy bien abrigado, pero no tanto como necesitaba hacerlo antes. Pareciera que a medida que avanzo en edad soy más resistente al frío y a otros factores que influyen negativamente en nuestro entorno (me refiero al entorno de los seres humanos). He subido de peso y tengo una barriga bastante abultada, a pesar de entrenar diariamente en el gimnasio. Me he dado cuenta de que lo único que disminuye su tamaño es el trote y la carrera. Las bicicletas estáticas y los simuladores de esquí no son suficientes. Yo había dejado de correr, recurriendo a la comodidad de esos aparatos. Hace sólo algunas semanas que he empezado a correr, nuevamente. La primera vez que lo hice ni siquiera duré cinco minutos. Algunos músculos se habían acostumbrado a menos esfuerzo.

El engordar me ha ayudado a hacer desaparecer algunas arrugas, lo que desmuestra que no es la edad la que influye fundamentalmente en el desarrollo de éstas. La edad tampoco influye sustancialmente en nuestra resistencia física ni en otras capacidades como el rendimiento, la elasticidad, etc. Lo que influye mayormente son otros factores, dependiendo de nuestra forma de alimentarnos, de la forma de trabajar y de cómo desarrollamos o no diversas actividades que nos permiten mantener músculos, huesos y articulaciones deterioradas o en forma óptima. Lo mismo ocurre con nuestra actividad cerebral, con nuestra capacidad de discernir, de analizar ideas, de planificar y de crear.

Durante los últimos meses no he tenido tiempo para escribir. Lo tengo ahora únicamente gracias a un percance que me impidió viajar hace unos días y debido a ello tengo que esperar un nuevo vuelo. Puesto que tenía planificado el viaje, no había programado actividades laborales, por lo que durante muchos días tendré poco que hacer. Durante todos esos meses, sin embargo, he leído mucho sobre lo que ocurre en todo el planeta, dentro de las limitaciones que hay en el terreno de la comunicación social. Tengo una larga lista de temas que me gustaría analizar, incluyendo un resumen de todo el año 2012, que estoy preparando.

Después de tan largo intervalo en mis escritos he querido referirme a actos de violencia y terrorismo que han sucedido recientemente. Uno de ellos es el intento de asesinato de un líder político en Bulgaria. Otros dos incidentes son el secuestro perpetrado por un grupo islamista y el posterior asalto del ejército en Argelia, como también la invasión de Mali, por parte de las tropas colonialistas francesas. Estoy preparando los artículos correspondientes en otro blog. Los enlaces se harán aquí cuando estén listos. Ver más abajo.

Hace ya 38 años presencié un acto violento en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile. Actualmente tiene ese nombre. En aquella época creo que la facultad tenía otro, que no recuerdo. Un estudiante, joven militante de izquierdas sacó de un edificio a un estudiante fascista. Todo fue muy rápido y desgradable. Lo traía agarrado de la chaqueta y una vez fuera le dio un par de golpes en la cara. Cuando terminó de pegarle, le gritó: “Y ahora te vai de aquí”. En el patio había una cincuentena de alumnos y algunos de ellos aplaudieron. Otros estaban perplejos. Yo estaba en ese lugar vendiendo libros de la editorial Quimantú. Como de costumbre, un día a la semana yo visitaba ese centro de estudios y tenía expuestos los libros en un escaño.

Entre los estudiantes que presenciaron la agresión estaba Mireya, hermana de mi buen amigo Alvaro. Fue causalidad que nos encontráramos allí aquel día. Mireya era una muchacha hermosa, tranquila de tez blanca, cuya madre era oriunda de Suiza. Mireya tenía una mirada angelical, muy agradable. Siempre tuvimos una muy buena relación de amistad. Compartimos juntos en su casa y en una oportunidad estuvimos con toda su familia, en una excursión inolvidable en El Manzano (ver mapa, más abajo), un sector casi totalmente despoblado (en aquel entonces), en la precordillera del Cajón del Maipo (VER). Pero en ese momento su mirada se transformó en mirada de sorpresa, desaprobación e incredulidad. Me imagino que yo tenía una mirada similar. Nos miramos unos instantes y luego nos despedimos, sin decirnos palabra alguna. Nunca volvimos a vernos desde aquel día. Los acontecimientos que terminaron con el Golpe de Estado de aquel fatídico 11 de septiembre separó para siempre nuestras vidas.

Aquellos días eran de extremada tensión. Por todas partes surgían enfrentamientos entre grupos de derecha y grupos de izquierda. También había enfrentamientos entre grupos de militantes de distintos partidos políticos o entre estudiantes y la policía. Los grupos más radicales de la derecha estaban representados por fascistas del movimiento Patria y Libertad. Este era un grupo de cobardes que sólo se hacían los valientes cuando atacaban juntos, en grupo. Cuando estaban solos actuaban como mansas ovejitas. Es así como actúan la mayoría de bandas delictivas o pandillas de muchachos en los barrios de todo el planeta, con excepción de Cuba, donde la seguridad ciudadana está garantizada. Sobre esto último, lo digo de acuerdo a lo que he leído u oído decir, tanto de cubanos simpatizantes con el gobierno como de sus detractores.

En el caso actual era un hombre contra otro hombre. Es así como actuaban los izquierdistas. Uno contra uno o grupo contra grupo. Sin embargo, el ataque era reprobable porque no es en esa forma que se combate a los enemigos. Las ideas se combaten con ideas, no con agresiones físicas, a menos que sea en defensa propia. Aunque hubiera sido cierto que el muchacho fascista había cometido fechorías o hubiera insultado a alguien, nadie tiene derecho a castigarle, pues eso debe hacerse por la via legal, a través de las instituciones. La condena moral es más efectiva que la brutalidad.

Yo conocía al atacante. Muchas veces habíamos discutido, cuando ojeaba mis libros. A veces estábamos de acuerdo en algunas ideas, otras veces no coincidámos en absoluto. Más nunca fue violento conmigo. Por eso aquel día no lo reconocí. Esa mirada de odio y desprecio contra el fascista al que acababa de agredir había cambiado totalmente su personalidad, toda su imagen. Lentamente me acerqué a él y pretendí reprocharlo por lo que había hecho. Pero me contuve. Tal vez era mejor no hacer ni decir nada por esa vez. Sus camaradas de partido, a los que yo estimaba mucho, seguramente lo apoyarían y yo podría ser tildado de traidor o cobarde. Me miró, como queriendo justificar su acción. Pero los gritos de sus camaradas lo hicieron girarse hacia otro lado. Algunos de sus amigos le dieron la mano y luego le palmotearon la espalda. Me imagino lo que habrá sucedido con ellos después del Golpe de 1973. El fascista seguramente se vengó de ellos y ya se sabe cómo pudo hacerlo.

mapahastaelmanzano

Mapa hacia El manzano. fuente.

He recordado ese incidente cuando he visto el vídeo que se ha publicado en diversas páginas de Internet y en la televisión (ver artículo relacionado con ese vídeo).

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