CUANDO LA INACTIVIDAD MENTAL PREDOMINA

A veces podemos sentir que el tiempo se ha detenido y que hemos quedado en un rincón de algo, sin importar donde estamos. Es un rincón perdido en el espacio, estemos en una habitación, en el vagón de un tren o en un parque; no importa el lugar ni la hora. La mente se inactiva y parecemos sonámbulos en el tiempo y el espacio. Es como si la fuerza atmosférica u otras fuerzas electomagnéticas tanto externas como internas nos suprimieran la energía y la capacidad de pensar. Miramos a través de una ventana y sólo vemos el vacío, la nada. Aguzamos el oído y sólo se oyen risas sarcásticas, gritos desesperados, voces que dibujan en las ondas palabras en distintos idiomas. Nos tapamos los oídos y oímos la presión de nuestras manos sobre los tímpanos y ese supuesto silencio ruidoso es más aterrador que las voces. Entonces tratamos de soñar y se oye, por ejemplo, el eco de un mar lejano en el que quisiéramos sumergirnos para disfrutar de la frescura de sus aguas, dejarnos llevar por las olas, adormecernos en ellas y después de deslizarnos por su superficie, alcanzar la playa y pisar las doradas piedrecillas minúsculas, mezcla de cuarzo, silicio, trocitos de cacacolas, cloruro de sodio y cientos de diversos minerales como si todos se redujeran a una simple alfombra suave y relajante para nuestra piel; disfrutar por tiempo indefinido de las caricias ultravioletas del sol y de la salada agua. Soñamos con un mundo real que pudo ser ayer o hace muchos años y que en ese instante no sabemos si de verdad existe o existió. Es como si todo fuese una gran pregunta y nos remontamos a la época en que los filósofos de todas las épocas esbozaban un sinnúmero de teorías y nos convencían con frases simples pero de mucho peso, como la de Descartes y su “pienso, luego existo”. Sí, lo obvio puede transformarse en algo asombroso, como si fuera un gran descubrimiento. Pero tenía que decirlo alguien primero y ese alguien se hizo famoso por su originalidad y la forma de decirlo: genial. No importa si otros pensadores dijeran antes frases similares, lo importante es decirlo en una época determinada y con pocas palabras.

Hoy me he sentido un poco vacío, como si mi mente se hubiera detenido y se resietiera a activarse. Oí muchas voces en distintos idiomas. Estuve por casualidad con un grupo de inmigrantes, cada uno con un sueño distinto y con distintas formas de pensar. El idioma era una barrera, aunque todos parecían entenderse. Otra barrera era el alcohol. Celebraban la partida de un argentino que regresaba a su país después de haber trabajado durante 30 años en Suecia. En el grupo había dos argentinos, uno con un mes y otro con tres meses en Suecia. Los dos buscan trabajo y el de tres meses está decidido a quedarse en este país nórdico de forma ilegal. Confesó que está enamorando a una mujer sueca, con el único objetivo de que ésta le ayude a quedarse en el país “a firmarle los papeles”, una frase muy utilizada entre muchos inmigrantes que buscan una forma muy cómoda para conseguir permiso de residencia aquí. Del resto del grupo, algunos europeos que poco o nada hablaban español ni sueco, se supone que trabajan ilegalmente, lo supongo yo pero no quiero especular en eso. Más de alguna frase sí que insinuaba algo así, entre ellas la de un inmigrante cubano que alardeaba de haber sido combatiente y guardaespaldas de importantes personeros de su país, que habia estado en Angola y otros países y que si madre era capitana en la Sierra Maestra. Entre sorbo y sorbo de cerveza, pan, carne asada, pebre y mate, la gente hablaba a veces con algún sentido y muchas otras sin sentido alguno. El olor a carbón, ceniza y grasa quemada contribuían a enrarecer el aire, ya enrarecido por las voces y por las notas de una bachata o de una salsa.

Un nicaragüense se jactaba de haber luchado en la guerrilla, pero nunca supe si era asl lado de los sandinistas o de los contras. Sus argumentos eran muy contradictorios, tanto como los de dos cubanos que no apoyaban a los yanquis pero estaban en contra del gobierno cubano. Un grupo de rumanos se maravillaban porque yo dije algunas palabras y una poesía en su idioma, pero la verdad es que he olvidado casi completamente ese idioma, aunque entiendo la la mayor parte cuando ellos hablan. Una mujer rumana dijo que no entendía por qué los gitanos rumanos estaban en todas las estaciones de tren de Suecia pidiendo limosna. Ella y sus familiares parecían los más sobrios en el grupo, a pesar de no hablar sueco y poco español, tenían mayor coherencia que el grupo de latinoamericanos, todos bebidos.

Oí muchas cosas durante algo más de una hora. Luego me despedí para venir a descansar y prepararme para mi nuevo domingo de trabajo. Al llegar a casa empecé a sentir ese vacío, producido por una especie de desesperanza, al oír tantas cosas que no tenían pies ni cabezas. Era un pequeño grupo de inmigrantes pero hay miles de grupos similares en todo Estocolmo, venidos de todos los países del llamado Tercer Mundo. Entre esos grupos hay yihadistas y fanáticos de toda índole. Se repite la historia de siempre: oleadas de inmigrantes que vienen a Suecia cuando hay revueltas o guerras en sus países. Algunos vienen huyendo de esas guerras, habiendo sus viviendas sido destruidas por las bombas y siendo sus familias diezmadas por ejércitos regulares o de terroristas. Junto a ellos también vienen aventureros y delincuentes, toda una mezcla de seres con distintas intenciones y aspiraciones.

En este grupo (y espero no equivocarme) creo que todos o la gran mayoría son honestos, es gente trabajadora y solidaria. Pero a casi todos les falta una visión más completa de la vida, les falta preparación intelectual  y capacidad para identificar a los verdaderos enemigos de la humanidad y de la clase trabajadora.

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