PESADILLA REAL. RECORDANDO A KAFKA.

He tenido una verdadera pesadilla, de la cual ya estoy saliendo. En su momento más álgido pensé en muchas cosas y casi en nada. Llegué a imaginarme que me transformaba en algo distinto a lo que soy, que era víctima de una metamorfosis. Por eso también pensé en la novela de Frans Kafka, que he leído dos veces en mi vida y que me gustaría volver a leer. La primera vez era muy joven. Sólo entendí lo más superficial, lo físico y la forma de reaccionar de una familia frente a un ser humano que sufre y que, de una manera muy singular expresa ese sufrimiento. La segunda vez ya no era tan joven y casi no reconocí la historia, cuando llevaba ya leídas varias páginas. La recordaba de otra forma y hasta casi me sentí decepcionado. Tal vez porque la experiencia me había hecho menos sensible o que la memoria a veces nos pasa malas jugadas. Recordamos lo que deseamos recordar, no lo que verdaderamente existió o leimos. Rellenamos las lagunas con lo que creemos que pudo ser o lo que queremos que haya sido.  Pero después de leer la novela completa nuevamente creí entender más que la vez anterior. Ya me había reconciliado con la memoria de su autor. Para que mis lectores (aquellos que no conozcan la historia de Franz Kafka ni su obra maestra) les recomiendo leer los siguientes enlaces: ANÁLISIS DE LA OBRA / EL ESCRITOR Y SU OBRA. Es una joya literaria.

Hace algunos días me ufanaba de mi buena salud. Me refería a algunos síntomas y molestias menores a las que no se debía dar importancia. Pero la verdad es que esas molestias se repetían o perduraban durante muchos días. Muchas veces he tenido síntomas de enfermedades. Pero los síntomas desaparecen y las gripes, por ejemplo, nunca prosperan. Se van el mismo día o máximo a los dos días. Si me hago una herida, ésta cicatriza muy rápidamente. Malestares por lumbago, una enfermedad  que me aquejó muy seriamente hace ya muchos años no se han vuelto a repetir,  Incluso una molestia que tenía en la muñeca derecha ha desaparecido. Pero a veces me aqueja una especie de alergia. Y desde hace unas cinco semanas me ha vuelto a atacar. Es urticaria, de acuerdo a mi diagnóstico. Según los médicos sólo es alergia y hay que hacer muchos exámenes antes de determinar qué agente me la provoca. Un tratamiento que me administraron no tuvo efecto, al contrario hasta aumentaron las ronchas y la picazón. He leído mucho sobre la urticaria y enfermedades similares. Los síntomas están asociados a un sinnúmero de enfermedades, desde la simple alergia hasta enfermedades del hígado y el corazón. Sin embargo, hace sólo unos meses me hice un examen médico completo y los resultados fueron negativos, no parezco de enfermedad alguna. Estudié todas las posibilidades y descarté todas las graves, igual que el médico que me examinó y me dio tratamiento hace algunos días. Una de las páginas que he leído al respecto es la siguiente: URTICARIA Y ANGIOEDEMA . Para tratar de solucionar el problema he tomado muchas medidas pero los síntomas perduraron hasta hace un par de días. Es posible que se vuelvan a repetir. Eliminé muchos alimentos de mi dieta, desde los huevos hasta los picantes. Me privaba de algunas cosas por unos días y luego lo hacía con otras. A veces me daba la impresión de que los síntomas desaparecían pero volvían a aparecer de pronto las malditas ronchas. Eran puntitos blancos o rojizos, que iban creciendo al mismo tiempo que cambiaban de color. Luego se multiplicaban por diversas partes del cuerpo, más nunca en la cara. Salían en las piernas, en al abdomen y en los brazos. Otras medidas fueron eliminar la ropa que me quedaba muy ajustada. También volví a dejar de usar relojes en las muñecas. No sé cómo pero las manchas han desaparecido, ya no tengo picazón. Es un gran alivio… Pero al mismo tiempo me veía afectado por un fuerte dolor en el cuello. A veces no sabía qué era pero, si la picazón de las ronchas o el dolor en el cuello, lo que me impedía dormir bien. La verdad es que siempre he tenido problemas en el cuello y en la nuca, que atribuyo a algún problema en las vértebras cervicales. Pero olvidé mencionar eso cuando me hice el examen completo, porque en ese entonces no tenía síntomas. Muchas veces compré almohadas especiales para mitigar las molestias, pero ninguna funcionó. Durante muchos meses, cuando dormía en hamaca, las molestias fueron menores o desparecieron por completo. Eso fue cuando dormía en la selva, en mi intento por cultivar cítricos en Venezuela. Dormir en una cama allí era impensable, por las serpientes que podían deslizarse por entre las tablas del rancho donde dormía.

El 29 de abril encontré en LIDL una almohada de aquellas anatómicas y la compré. Supuse que sería mejor que las que probé antes. Quería probar de nuevo algo que me ayudara con el dolor, quería poder dormir una noche entera, sin necesidad de levantarme a medianoche o varias veces cada noche. No era cómoda, pero la usé. La primera noche pude dormir seis horas ininterrumpidas. Fantástico. La segunda y tercera noche ya no la soportaba. Y a la segunda o tercera creo que sucedió algo absurdo. Es posible que al acostarme de costado haya oprimido mucho un músculo (creo que es uno de los músculos rumboides, mayor o menor) que está situado al lado del omóplato derecho. No era la primera vez que me sucedía. Pero esta vez fue creciendo el dolor hasta convertirse en algo insoportable. Fue la noche de Valborg, el día en la que los suecos celebran la danza de las brujas (aunque se la confunde con la celebración de una santa), encenciendo fogatas (VER FOTOS).  VER INFORMACIÓN SOBRE LA FIESTA DE VALPURGIS.

Durante el día el dolor fue en aumento. Cuando llegó la noche del 1 de Mayo el dolor era ya muy agudo. Ya no sentía el dolor de cuello, pero apenas me podía mover. No fue una noche agradable. Tras muchos esfuerzos y dolor lograba acostarme. Dormí o intenté dormir sin almohada. Pero me cansaba de la posición y la cambiaba, algo que era casi imposible. Me sentía como una especie de gusano que trata de reptar. Era como ver una película en cámara lenta. Me inclinaba hacia el lado izquierdo pero el dolor me perseguía. Y así pasé la noche casi sin dormir. El día siguiente, el 2 de mayo fue uno de los más horrorosos que recuerde, sólo comparado con la época en que sufría de lumbago. Trabajé todo el día, desde las 7 de la mañana hasta las cinco de la tarde, sin almorzar. El despertar (si se lo pueda llamar así) fue lastimoso. No podía creer que no pudiera moverme casi. Ducharme fue una tarea larga y dolorosa. Intenté aplicarme una crema antiinflamatoria pero la mano no llegaba al omóplato. No me pude afeitar. Pude cepillarme los dientes gracias a un cepillo eléctrico, de lo contrario habría sido imposible. Me vestí con grandes dificultates y hasta me puse un yersey al revés, que tuve que sacarme y volverlo a poner. Me sentía incapacitado. Tampoco fue fácil preparar desayuno. Cómo ansiaba tener alguien a mi lado en esos momentos, aunque fue entonces cuando sentía que me transformaba… que me convertía en una especie de monstruo. Si hubiera tenido alguien a mi lado, tal vez mi estado le ocasionaría repulsión. Acababa de tener el cuerpo lleno de manchas rojas. Mis quejidos constantes por el dolor de cuello ya habrían sido suficientes para hartar a cualquiera. Y ahora me movía como un robot mal construido. Me deslizaba en forma lenta, parecía que el dolor de la espalda dominaba todo mi cuerpo. Cualquier movimiento repercutía en el omóplato. Pero tenía que trabajar. Por ningún motivo  dejaría de hacerlo. Y comenzó una nueva aventura. Sentarme en el automóvil fue un suplicio. Pasar los cambios no era lo más divertido. Más de alguna vez lo hice con la mano izquierda. Felizmente lograba mantener el control del vehículo y logré llegar a la oficina. Salir del automóvil fue nuevamente lento y doloroso. Y eso lo tuve que hacer varias veces, al cambiar de un alumno a otro. Algunos ejercicios no se pudieron hacer. Tuve que dejarlos para otra oportunidad y elegir otros, adaptándome a mi estado, algo que mis alumnos comprendieron. De todas formas todas las lecciones fueron un éxito. Pero tuve que morderme los labios para no lanzar gritos algunas veces cuando algún alumno soltaba el embrague de golpe o frenaba bruscamente. Lo mismo ocurría cuando pasábamos por encima de algún bache. Toser y estornudar también me ocasionaban dolor. Y así, entre dolor y dolor llegó la última lección. Al llegar a casa era un trapo. Ya había llegado al final de la metamorfosis imaginaria, creía yo. No sabía si iba a soportar una nueva noche con dolores y sin dormir. No fui capaz de comer. Acostarme nuevamente fue un suplicio. Antes de hacerlo me senté a ver televisión por internet. Era imposible escribir. Lo intenté pero sólo podía usar la mano izquierda, consiguiendo cometer más errores que tipear coherentes palabras. Sentí una impotencia muy grande. Me sentí más solo que nunca. Pero me consolaba el hecho de que no era molestia para nadie, nunca he querido serlo. No puedo ocultar que llegué a llorar al ver lo inútil que era en esos momentos. Pero pensé que mucha gente tiene mayores problemas que yo y los aceptan. Mis dolores, por muy agudos que sean, desaparecen. Pero esta vez sentía que ya no me dejarían.

Hoy ya el dolor ha ido disminuyendo, poco a poco. Pude trabajar mejor porque ya podía mover los dos brazos. He podido preparar comida y lavar ropa, todo un lujo. Y puedo escribir… y tengo tiempo y tranquilidad para reflexionar. Una de las cosas que me sorprenden es que me pueda recuperar tan pronto. Hace sólo 24 horas casi no podía moverme. El dolor fue intenso y dominante durante unas 48 horas. Ahora siento sólo malestar cuando muevo el brazo derecho rápido o hacia atrás o cuando me agacho. Mañana tal vez ya ha desaparecido por completo. Yo creo que sólo ha sido una inflamación muscular. La poca crema que me pude poner me ha ayudado. No ha sido ataque de virus o bacteria. Pero si así hubiera sido posiblemente no habría pasado más tiempo.

Algunas personas tienen mayor capacidad de inmunidad que otras. Los motivos de esa mejor inmunidad se deben, principalmente, a los hábitos de alimentación y de actividad física. También hay factores genéticos o de otra índole, como el medio en el que hemos nacido, el medio en el que hemos crecido, qué tipo de aire hemos respirado en nuestro hogar, en nuestros lugares de estudio, de trabajo, etcétera. Mucha gente vive durante años, por ejemplo, en edificios que tienen radón, una sustancia que a causa de su radiación, provoca cáncer (VER).

En medicina se han utilizado muchas sustancias que se creyó eran beneficiosas para la salud. Si bien es cierto, se lograba sanar a los pacientes de algunas enfermedades o se contribuía a mitigar sus molestias, las consecuencias fueron desastrosas porque se eliminaba bacterias que eran necesarias para la simbiosis natural en nuestros organismos, al mismo tiempo que se disminuían nuestras defensas. Por otra parte, el uso excesivo e innecesario de los antibióticos y vitaminas ha contribuido a disminuir mucho más nuestra inmunología y a fortalecer algunas bacterias que se han transformado en resistentes a todo tipo de antibióticos. Mucha gente consume vitaminas sin ningún motivo puesto que éstas se encuentran en forma natural en los alimentos. Lamentablemente, las empresas farmacéuticas u otras que producen vitaminas y un sinnúmero de bebidas llamadas energéticas y diversos preparados en forma de grageas, invaden el mercado y con una publicidad engañosa logran que la mayor parte de los humanos las consuman. Todo lleva el timbre del dinero, como en el caso del combate de boxeo de ayer, entre un norteamericano y un filipino.

Creo que me he excedido un poco al escribir esta entrada. Sentarse mucho tiempo frente al ordenador no contr’ibuye a mejorar los dolores musculares…

Nota del 6 de Mayo, 2015, sobre la metamorfosis: En realidad, todos los seres vivos nos desarrollamos mediante una permanente metamorfosis. La diferencia está que que algunos seres los cambios son más notorios y sus características desde el comienzo hasta el final son totalmente distintas, como es el caso de las mariposas. Pero todos vamos transformando lentamente desde embriones hasta adultos, hasta llegar a ser ancianos. A lo largo de nuestras vidas vamos experimentando muchos cambios, que no notamos de un día para otro. El cambio no es sólo físico sino también mental. El ambiente, el medio que nos rodea, influye en nuestra transformación y algunas personas cambian más rápido que otras. Además, las células que componen nuestros organismos van cambiando, mueren todos los días y son reempleadas por otras nuevas, con excepción de las neuronas. Después de algunos meses somos ya físicamente distintos, nuevos. La piel se ha renovado completamente. Lo que tocamos ya no es lo que antes fue. Los órganos que nos hacen percibir nuestro entorno ya son otros. Son células nuevas que recuerdan cómo eran las células que nos abandonaron. Son sus copias, que ya van adquiriendo formas distintas, aunque siguen llevando a cabo las mismas funciones.

Nota del 26 de julio,  sobre la urticaria que he mencionado en esta entrada:

La urticaria me afectó durante muchas semanas. Yo eliminaba alimentos y creía haber encontrado la causa. Me privé del atún, por ejemplo. Me privé de comer huevos y muchas cosas más. Las ronchas y picazón desaparecían pero volvían a aparecer a los dos o tres días. Leía muchos artículos sobre esta afección pero como son tantos los alimentos u otras cosas que la pueden ocasionar, pasé por alto uno de ellos, hasta que lo descubrí. Ya ha pasado una semana desde la última vez que tuve picazón y manchas rojas. Esta vez sí que he encontrado la causa.

Soy enemigo de la leche. Reconozco que es un alimento delicioso y nutritivo. Pero el exceso de calcio (absolutamente innecesario en altas dosis) que recibe nuestro cuerpo puede ocasionar problemas de descalcificación y causar osteoporiosis, al contrario de lo que han afirmado muchos médicos durante siglos.

Recomiendo encarecidamente ver el siguiente vídeo y el siguiente artículo.

Me gusta el queso y lo he comido casi diariamente, aunque en cantidades pequenas. No soy entusiasta de la pizza, lasagne ni otros alimentos en los que se incluya queso. Esos platos los ingiero muy a lo lejos. En Venezuela nunca comía queso porque allí los hacen con mucha sal y no son procesados durante largo tiempo, como en Europa. Nunca me gustaron. Los quesos que se pueden comprar en Suecia y que son procesados en este país y en muchos otros países europeos tienen distintos sabores y algunos son extremadamente sabrosos. Por eso los incluía en mi dieta diara, aunque me cuidaba de no consumir mucho este alimento, por las razones anteriormente mencionadas.

Hace un par de semanas decidí no comprar más queso. Sólo consumía lo que había comprado antes. Quería disminuir más los alimentos grasos. Y a los dos días de haber dejado de comer queso me dí cuenta de que ya no me salieron más ronchas. Se acabaron las desagradables picazones en la cintura, piernas y brazos. Entonces busqué en internet más información sobre las elergias y descubrí que estaba en lo cierto con mis sospechas. El verdadero culpable de mi urticaria era el queso.

VER ENLACES:

SÍNTOMAS DE ALERGIA AL QUESO

ALIMENTOS MADURADOS QUE CAUSAN ALERGIAS

LA HISTAMINA EN EL QUESO Y REACCIONES ADVERSAS

CÓMO LEER MIS BLOGS

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