UNA ESTRELLA, UN ÁNGEL O UNA ESTRELLA FUGAZ

Miraba el hombre hacia el cielo, o lo que él creía era cielo. Buscaba en lo alto, a través de las nubes, respuestas a muchas de sus preguntas. Hacía mucho tiempo que había creído en Dios y en esa época el hombre, que era un muchacho, sentía una sensación de “lleno espiritual”. Sus escasos conocimientos de filosofía, historia y ciencias matemáticas lo había convertido en una especie de “ilustrado religioso”. Cuando rezaba creía que se acercaba más a Dios, se sentía “elegido” para seguir predicando la palabra del Hacedor. Habían sido muchos años de dedicación casi exclusiva a la religión, debido a la influencia de la sociedad y del entorno que lo rodeaba. Dos semanas en una escuela para sacerdotes habían sido lo más grandioso que había experimentado y a pesar de no ser aceptado para seguir la carrera sacerdotal porque el rector de la entidad había descubierto que era hijo ilegítimo, el muchacho siguió siendo fiel a la fé católica por muchos anos más.

Ahora el hombre, después de haber leído cientos de libros y haber conocido muchos países y vivido en distintas sociedades, interrelacionándose con miles de personas de distintos credos e ideologías, miraba al cielo buscando lo mismo que buscaba cuando era muchacho, seguía con muchas preguntas, después de haber recibido respuestas de distintas fuentes y analizado miles de stículos y documentos. Había llegado a conocer el origen de la vida, desde un punto de vista científico y de raciocinio, negándose a aceptar verdades impuestas por grupos religiosos. Ahora las preguntas no eran sobre de “dónde vengo”, “qué soy” o “hacia dónde voy”. Las preguntas tenían más que ver con el futuro de la sociedad humana:

  • Hacia dónde nos conducirá la actual desigual lucha entre el consumismo, el individualismo, el materialismo y el chovinismo por un lado y por otro lado la solidaridad, la búsqueda de igualdad social, la igualdad entre hombres y mujeres, la igualdad entre los países desarrolados y los menos desarrollados?
  • Hacia dónde nos conducirá la carrera armamentista, los negocios de las empresas transnacionales que imponen sus productos y sus formas de comercializar y decidir sobre lo que los ciudadanos del mundo deben consumir?
  • Surgirá algún día un movimiento de masas que sea capaz de reemplazar a los actuales partidos políticos que, directa o indirectamente contribuyen a afianzar el poder del capitalismo y por ende de la enorme desigualdad social?
  • Hacia dónde llegará el poder de los grupos terroristas que, alentados por países imperialistas que intentan apoderarse de todas las riquezas naturales del planeta, se camuflan, se esconden, se disfrazan y pueden atacarnos en cualquier sitio y en cualquier momento?

El hombre sabía que no había respuestas para esas ni para otras preguntas. Todo parece ser previsible a veces, pero otras veces totalmente imprevisible. Hay dirigentes políticos y gobernantes que tienen buenas intenciones. Pero no logran ponerse de acuerdo en cómo actuar ni qué medidas tomar. Algunos sólo piensan en atacar países que siguen en guerra, en guerras que han provocado ellos mismos. Otros intentan solucionar los problemas globales, las causas de las grandes migraciones modernas. Todos los políticos siguen las órdenes de los grupos económicos que los financian y anteponen los intereses económicos, políticos y militares de cada uno, en desmedro de soluciones más humanas y sociales. Mientras tanto sigue aumentando el flujo de migrantes que huyen de las pésimas condiciones de vida en las que han sido obligados a vivir, de la constante amenaza de ser asesinados, torturados o ser enrolados en ejércitos de terroristas. Miles de ellos siguen muriendo en los mares, al intentar atravesarlos para llegar a Europa.

El hombre miraba hacia el cielo y veía una sola luz, una estrella que lo guiaría en su cotidiana vida. Tenía una esperanza egoísta. Se sentía cansado de esperar el momento de hacer algo por cambiar la sociedad. No había forma de hacerlo. Por eso ahora pensaba más que nada en mirar esa luz, dejarse envolver por ella, soñar que ya estaba en el cielo, aquel cielo con el que soñaba cuando era muchacho.

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