SER O NO SER: RESPONDER O NO RESPONDER.

To be or not to be. That’s the question.

En la vida suceden acontecimientos que nos pueden traer buenos o malos recuerdos. A veces la balanza se inclina a un lado positivo y otras veces hacia un lado negativo. Es el eterno movimiento giratorio de lo que nos rodea. Es como estar sentados en la silla de un carrusel (calesita o tiovivo) y nos dejamos llevar por la velocidad, que es muy lenta al comienzo, luego se acelera al máximo y parece que vamos a desaparecer en un abismo, después de llegar casi a las estrellas. Ese momento parece ser eterno, que nunca se va a terminar. Luego empieza el descenso y la disminución de la velocidad hasta que el monstruo gitarorio se detiene, dejándonos una sensación de mareo, como si siguiéramos en movimiento.

En esos altos y bajos a menudo recibimos el llamado de mucha gente que nos pide ayuda. Cuando estamos bien atendemos esos llamados y hacemos todo lo posible por satisfacer alguna necesidad material o emocional. Pero cuando no estamos de ánimo siquiera para poder llevar una vida normal, no atendemos a esas llamados. Intentamos hacerlo, pero nos sentimos bloqueados. No sabemos cómo actuar ni qué decir. Entonces pueden ocurrir muchas cosas distintas. Quienes nos piden ayuda se enfadan o molestan y nos acusan de mezquinos, de ingratos o de cualquier otro defecto o deficiencia. También puede suceder que esas personas simplemente no nos vuelven a escribir ni a llamar. Se sienten desilusionadas, incomprendidas o despreciadas. Se sienten víctimas de actos de crueldad, de humillación o de burla, cuando lo único que hacemos es tratar de salir nosotros mismos de una situación difícil. Esas personas no se imaginan que tal vez pasamos por momentos  muy tristes o de mucho sufrimiento físico, tanto o más difíciles que los suyos.

Luego pasa el tiempo y seguimos sin responder. Sopesamos si vale la pena hacerlo en forma tardía o simplemente no responder en absoluto. A veces ni siquiera se trata de que nos piden ayuda, lo que algunas personas quieren es nada más que comunicación, desean recibir una palabra de aliento, un consejo. O simplemente quieren transmitir un pensamiento, una reflexión. Pero no atinamos a nada, no sabemos qué decir. No queremos usar frases clichés, que parecen más ofensa que aliento o halago.  No sabemos cómo podemos ayudar, simplemente. Y seguimos en ese carrusel; subiendo, bajando y girando, una y otra vez.

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