RESUCITANDO DESPUÉS DE UN MAL DÍA

La resurrección existe. Pero no es aquella que se ha divulgado en todo el mundo desde milenios por distintas religiones sino la del regreso desde una enfermedad o de un día negativo. Creo que a eso sí le podemos llamar resurrección. Porque cuando recuperamos la fuerza y la energía es como si volviéramos a nacer. Y todos volvemos a renacer, salimos desde un profundo agujero y volvemos a ver la vida con optimismo. Algunas personas tardan más que otras en recuperarse, por lo tanto su resurreción es más lenta. Mis resurreccions son muy rápidas. Es una suerte de que sea así.

Quisiera compartir con mis amigos esta experiencia y para ello narraré lo que hice esta mañana, al levantarme. Aunque tal vez debo empezar un poco más temprano, antes de levantarme:

Desperté muy temprano, como de costumbre. Pero empezaba a trabajar a las 10. Por eso decidí seguir durmiendo. Tenía un fuerte dolor de cabeza. ¿Por qué? Es difícil saberlo. Tal vez fue un ataque de microorganismos patógenos, los mismos que me atacaron el día anterior. O quizá se debió a una mala postura al dormir con el cuello doblado. Era un dolor difícil de soportar. Nunca o casi nunca tomo tabletas para el dolor de cabeza. Lo que hice es lo que hago más amenudo y que recomiendo a todos ustedes: tomé agua con unas gotas de limón.

Luego me fui a duchar. Una vez duchado preparé un zumo de zanahorias y naranja. Licúo por separado la zanahoria, que filtro y guardo los trozos que no se alcanzan a moler bien. A este zumo le agregué un poco de infusión que tengo guardada en la nevera, compuesta de laurel, canela y anís. Media hora más tarde tomé un desayuno con tomate, cebolla y huevo, acompañado con un pequeño trozo de pan integral. Como suele suceder, el dolor de cabeza desapareció paulatinamente y apenas salí de la ducha me sentía completamente vitalizado, con mucha energía. Luego, con el desayuno, recuperé aún más las fuerzas y pude trabajar normalmente.

Ahora me gustaría contar cómo preparé ese desayuno, algo que quienes me conocen de muy cerca ya lo saben:

1.- Puse a calentar agua y luego le agregué tomate, cebolla, ajo, los trocitos de zanahoria que quedaron del zumo y una pizca de sal.

2.- Cuando ya las verduras estaban semicocidas, les puse un huevo, que revolví hasta que la clara se puso blanca.

3.- Finalmente le puse un poco de aceite de oliva y ya quedó listo.

Esta es una de las formas más saludables de preparar un desayuno. Se aprovechan bien la fruta y la verdura, algo sobre lo que voy a escribir en mi blog de salud. Evito freír el huevo en aceite, dejando que avsorba el sabor de las verduras. Al ponerle el aceite de oliva al final conservo las propiedades del aceite y se obtiene un sabor aún más agradable.

Ahora voy a enviar algunas cartas a mis seres queridos y amistades. Luego seguiré trabajando con cosas administrativas.

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