PRIMERO DE MAYO

Hoy no he trabajado, por respeto al día. El primer día del año también descanso. Todos los otros días trabajo, si tengo la oportunidad de hacerlo. No hay motivo alguno para no trabajar, mientras tenga salud y fuerza. Por segundo año consecutivo no celebro esta fiesta. No lo hago por dos razones: La primera es hace mucho frío y no quiero arriesgarme a contraer un resfriado al caminar varios kilómetros y luego oír un discurso. La segunda es que la fiesta se ha desvirtuado durante los últimos años. Cualquiera sale a desfilar, como lo hace la oposición venezolana, dirigida por los empresarios, por los que siempre han explotado a los trabajadores, una contradicción digna del teatro del absurdo. En Suecia desfilan también los nazis.

Curiosamente, el Día internacional del Trabajador que se celebra en casi todo el mundo, no se conmemora en Estados Unidos, a pesar de que fué allí donde se produjeron los acontecimientos que dieron origen a esta festividad ABRIR ENLACE AQUÍ.

Desde que tuve conciencia de clase -lamentablemente muy tarde, cuando ya era adulto- siempre había celebrado esta fiesta. Participé en los desfiles en Santiago de Chile, cuando Allende era presidente. Luego lo hice en Suecia y en Venezuela. Entonces sentía que había comunicación con todos los manifestantes. Era algo mítico pero bello. Era la oportunidad de compartir anhelos, esperanzas. Ahora, sin embargo, ves desfilar junto a tí a gente de todo tipo, que vienen de distintos países pero representan a movimientos dispares, algunos de ellos incluso simpatizan con terroristas y con el imperialismo norteamericano. Qué se puede compartir con esa gente? La mayoría de la gente perteneces a partidos e izquierda y a la socialdemocracia. Son gente honesta, con ideas distintas entre ellos pero que piensan en la igualdad y la fraternidad. Pero junto a ellos marchan oportunistas o infiltrados. Por eso ya no tiene sentido para mí salir a marchar, a cantar y a saludar con consignas. Es como salir a marchar como lo hice una vez en Santiago de Chile, con los compañeros de la Universidad. Después de una agitada reunión en la que nadie se ponía de acuerdo, logré tomar la palabra. Como por arte de magia todos callaron y me escucharon, aunque yo mismo ni siquiera sabía entonces lo que decía. Cuando terminé de hablar todos aplaudieron y salieron a la calle a desfilar. Yo me sentía contento de haber logrado “consenso”. Pero un compañero de partido (socialista) dijo: aquí hay de todo. Entonces no entendí sus palabras, creo que las califiqué de producto de la envidia, porque ninguno de ellos había logrado movilizar a toda la Facultad. Ahora sí lo entiendo. Cuando se lucha por algo y se tienen verdaderas convicciones es mejor desfilar sólo junto a los más sinceros que con un  grupo muy grande, donde los traidores esconden sus verdaderas intenciones.

Hoy he entrenado en el gimnasio. Luego tuve una reunión con una persona con la que vamos a llevar a cabo un nuevo trabajo, algo que puede cambiar completamente nuestra economía. Luego he venido a casa, a estudiar y a ordenar documentos. Completamente libre de trabajo no estoy…

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