¡ CÓMO LA VIDA PUEDE CAMBIAR TANTO EN SOLO UN PAR DE DÍAS!

Hace nueve días que regresé a Suecia de un viaje de un mes hacia Cuba. Estuve tres días en Madrid y tres semanas en La Habana. A mi regreso de Cuba estuve, nuevamente, en España.  Mi primer día en Madrid, el 10 de febrero, fue desastrozo. Pero por ahora no contaré nada de eso. Me fuí a Cuba cuando en España solo se conocía el posible contagio de dos personas. Cuando regresé de Cuba ya había muchos contagiados en España, pero todo era normal en las calles madrileñas. La gente compartía paseos y visitas a restaurantes y bares; las plazas y parques estaban llenas de turistas y madrileños. Yo pude tomar muchas fotografías y vídeos en muchos sitios y compartí con varios amigos. Todo era jolgorio. Mis días en esa bella ciudad fueron muy agradables y recorrí muchas calles con lugares emblemáticos, como el Congreso de los Diputados, El Palacio Real, el Museo del Prado, etcétera.  La gente hablaba sobre el nuevo virus, pero nadie tomaba medidas de distanciarse de otras personas. La noche del 8 de marzo lamenté no haber llegado a tiempo a la Plaza Mayor, donde se concentró la mayor parte de la gente que acudió a la marcha por el Día de la Mujer. Tal vez el destino quiso que yo no lograra ir, puesto que en esa marcha se contagiaron muchas personas, entre ellas las esposas del presidente Pedro Sánchez del vicepresidente Pablo Iglesias.

Mi llegada a Suecia, el 10 de marzo, fue tranquila. Había una temperatura alta, sobre los 10 grados sobre cero, algo insólito para esta época del año. Llegué dispuesto a descansar, para poder trabajar al día siguiente. Y fue entonces cuando todo empezó a cambiar. Bueno, ya habían cambiado muchas cosas. Ya se sabía de las medidas que se habían tomado en China y en Italia, para tratar de impedir que el nuevo virus COVID-19, se propagara. Pero entonces parece que el mundo empezaba a reaccionar y cada gobierno empezaba a tomar medidas cada vez más drásticas, a veces sin reflexionar lo suficiente sobre las consecuencias de esas medidas. Entre ellas se anunciaba el confinamiento de muchos ciudadanos, la prohibición de salir a la calle, sin tener una justificación de importancia. La eficacia de las medidas puede ser discutible pero todos los gobernantes intentaban hacer lo que consideraban adecuado para evitar los contagios, que aumentaban en forma nunca antes vista en nuestra época.

A pesar de todos los acuerdos internacionales de cooperación y ayuda, da la impresión de que cada país toma el camino que más le conviene o cree conveniente. Algunos países cierran sus fronteras. Otros llegan al extremo de aplicar la violencia para obligar a los ciudadanos a confinarse en sus casas, sin poder salir a respirar aire puro de los parques y sin poder ejercitar sus músculos, algo más que necesario para tener buena salud, aunque sea caminando. En Ecuador hay una alcaldesa que, inexplicablemente ha bloqueado las pistas de aterrizaje para impedir que aviones europeos puedan repatriar a gente que quiere retornar a sus países de origen. La explicación de la alcaldesa no tiene sentido alguno, puesto que no se trataba de llevar gente a Ecuador sino transportar gente hacia Europa. El riesgo es más para quienes aterrizan que para quienes viven en Guayaquil, una ciudad que ya tiene muchos contagiados por el Covid-19.

¿Hasta qué extremos se llegará si hay gobernantes matones y dictatoriales que hacen uso de su poder para tomar medidas arbitrarias, demostrando mezquindad, falta de compresión y solidaridad? VER AQUÍ. Nota, más abajo.

Es indispensable que todos los países adopten medidas de seguridad, pero la OMS u otro organismo internacional debería dar recomendaciones claras sobre lo que es conveniente hacer o no. En Suecia se ve paseando por las calles a la gente, sin que nadie tenga miedo. Al ver a tántas parejas y grupos de gente caminando yo siento tranquilidad pero también preocupación. Es una mezcla de las dos cosas. Por una parte, siento tranquilidad porque me siento libre y todas esas personas que pasean, también. Algunos de mis alumnos vienen en bicicleta a tomar sus lecciones. No hay restricciones de ningún tipo, sólo recomendaciones de quedarse en casa si se está enfermo. Pero me preocupca que la gente no tome distancia. A veces van grupos de personas, muy cerca el uno de los otros. Muchas parejas van tomadas de la mano. Dos personas se reúnen para pasear juntos a sus respectivas mascotas, por ejemplo. En los supermercados la gente se pone en fila en las cajas, demasiado cerca del que está delante. Me gusta la libertad que hay en Suecia, pero creo que las autoridades deberían informar del riesgo de ir juntos o estar juntos en un local cerrado. Por eso sería conveniente cerrar las escuelas y no solo recomendar que no haya más de 500 personas en un mismo lugar. No hay que exagerar con medidas absurdas, como prohibir salir a las calles. Pero tampoco hay que confiarse de nuestros amigos o familiares, menos aún de gente desconocida. Conviene mantener las distancias, a menos que una pareja viva en su misma casa o cuando se sale con niños o ancianos del mismo hogar. Lo que necesitamos es cordura y sentido común.

Yo no sé qué podría hacer yo si viviera en una ciudad donde me obliguen a quedarme en casa. Por una parte estoy consciente de que hay que respetar las normas, pero por otra parte mi interés por mantenerme sano, sin perjudicar a nadie, me inquietaría enormemente y no sé si sería obediente con ese tipo de obligaciones. Entiendo perfectamente a la periodista Alicia Berenguel, de Barcelona, España (VER).

Resumiendo: cuánto puede cambiar el mundo en tan poco tiempo, si sucede algo que nos amenaza, como en este caso, una pandemia. Y no se trata solo de nuestra salud, relaciones sociales, libertad, etc. Las consecuencias económicas serán aún peores y de más larga duración. Y, como siempre, los que menos tienen serán los más afectados.

ENLACE: CORONAVIRUS, TASA DE MORTALIDAD

Nota sobre la actuación de la alcaldesa de Guayaquil.

VER VÍDEO GRABADO POR ENFERMERAS ESPANOLAS BLOQUEADAS EN GUAYAQUIL

A pesar de haber gente egoísta o intransigente, también hay gente que tiene un gran sentido de responsabilidad y solidaridad. Y eso da esperanza. No quiero referirme al artículo del enlace siguiente, me remito a poner el enlace. Usted, estimado lector, puede sacar sus propias conclusiones (VER).

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