COVID-19 ¿CÓMO ES EL ENEMIGO? Tercera parte.

El enemigo es invisible, inodoro y silencioso. Penetra en nuestras vías respiratorias y de ahí su nombre, porque ocasiona problemas respiratorios. Debería suponerse que eso ya todo el mundo lo sabe. Pero no es así, porque millones de seres humanos viven en una miseria total y ni siquiera tienen acceso a ordenadores, teléfonos móviles ni de ningún tipo. Aún hay millones de seres humanos que ni siquiera saben leer. Según datos oficiales, hay mínimo 758 millones de adultos que no saben leer (VER). Pero también hay muchos otros millones que son semianalfabetos, que pueden leer, pero no entienden bien lo que leen. Con lo poco que saben, no es seguro que puedan leer un periódico. Además, mucha gente ni siquiera sabe hablar un idioma. En algunos países hay grupos de campesinos que habla una mezcla de dos o tres dialectos y entienden apenas lo más básico para comunicarse con su entorno. Eso lo pude comprobar cuando estuve viviendo en Perú y Ecuador entre los años 1973 y 1975 . También fui testigo de ese fenómeno en Venezuela, entre los años 2004 y 2011, durante varios viajes a Venezuela, a veces por varios meses de estadía en Maracaibo y Casigua el Cubo. La mayor experiencia fue con campesinos colombianos que  viven en varios estados de Venezuela, especialmente en los Estados Táchira y  Zulia. Allí se mezclan lenguas indígenas como el wayú, yukpa y otras con una variedad de español muy pobre. Las mezclas de dialectos imposibilitan la comprensión  de una conversación y al hablar con esa gente se utilizan más que nada monosíbalos y gestos. Es fácil que surjan malos entendidos e incluso enemistades entre la gente a causa de no lograr entenderse bien. Pues, si hay dificultades para hablar un idioma, mucho más difícil es que puedan escribirlo.

Sorprendentemente, uno de los países donde más analfabetismo hay es en Estados Unidos, uno de los países más ricos del mundo (VER). El 43% de la población adulta es analfabeta en el gigante del norte.

Pero volvamos a nuestro enemigo actual. Este virus ataca como lo hacen todos los virus que ocasionan la gripe, pero con mucho más fuerza, lo que no se sabía hasta marzo de 2020. Antes se lo consideraba, incluso, menos mortal que otros virus similares. Ahora se afirma que puede ser hasta veinte veces más mortal que el H1N1.

Si todos los humanos tuviéramos mejores defensas, este virus no sería tan peligroso. Si el ecosistema no se hubiera destrozado como se lo ha hecho durante siglos de industrialización y avances tecnológicos, tampoco habría sido tan peligroso. La combinación de esas dos cosas es lo que nos ha vuelto más vulnerables y esto puede ser sólo el comienzo de nuevas pandemias que nos acosarán el el futuro.  Invito a mis lectores a leer las entradas en las que analizo en varias entradas de mi otro blog (VER PRIMERA PARTE).

 

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