NAVIDAD DISTINTA, A CAUSA DE LA PANDEMIA

Mucha gente se lamenta de no poder celebrar la Navidad como acostumbra. Tal vez deberán preguntarse por qué nos ha afectado tanto la actual pandemia. Además, pueden aprovechar de reflexionar sobre los verdaderos motivos de celebrar esta fiesta religiosa cristiana. Yo quisiera recordarles lo último, puesto que durante una larga etapa de mi vida fui cristiano, e incluso quise y pude haber sido sacerdote católico. Luego esbozaré una teoría del por qué del éxito de un virus, que sin ser el más mortal, es uno de los que se propagan más rápidamente.

Cuando yo era cristiano, consideraba que la Navidad era una celebración del Advenimiento del Hijo de Dios. De acuerdo a los evangelios (de aquellos que quedaron, de entre muchos que se escribieron cientos de años después del nacimiento de Cristo) Jesús nació en un lugar muy pobre y lo fueron a visitar unos pastores (o sabios, aunque también se los ha elevado a la categoría de reyes) que le llevaron unos regalos, que en esa época se apreciaban mucho: oro, incienzo y mirra. Esa historia ustedes ya la conocen y de ella también hay muchas versiones.

La tradición fue evolucionando, desde pasar a homenajear a los niños con obsequios de juguetes, hasta pasar a convetirse en una fiebre de regalos para todo el mundo. Es decir, se pasó de lo austero y humilde a lo material, al consumo irracional y descontrolado de todo tipo de bienes, que muchas veces ni siquiera son necesarios. Habría que preguntarse qué habría dicho Cristo, si hubiera sabido que así se recordaría su venida a nuestro mundo.

Si bien es cierto, estas fiestas también pasaron a ser una fecha en que las familias se reunían para celebrar el nacimiento del supuesto Hijo de Dios. Pero, en realidad, habría sido más sensato que se hubiese mantenido el principio fundamental de la familia más íntima y restringida: los padres y sus hijos pequeños. Y, puesto que es una celebración de algo tan sublime y celestial, lo correcto es que se celebrara con mucha simpleza, sin recurrir a comilonas de pavo u otros animales, además de innumerables bebidas alcohólicas o de otra índole, sin contar con postres dulces y golosinas, que tienen una carga de hidratos de carbono descomunal. Son, justamente los excesos de ingesta de esos alimentos los que ocasionan una gran cantidad de enfermedades como la diabetis, arterioesclerosis, obesidad, etcétera.

Estas comilonas superan o igualan a las grandes bacanales de los pueblos antiguos que Cristo tanto criticaba. Por eso, una de las leyes de la religión católica castiga la gula (VER). ¿Cuántos católicos u otros cristianos han pensado en esto?

Con respecto a la pandemia, me gustaría remitirme a lo que he escrito en mi blog desde marzo de 2020. Se pueden leer todos mis artículos sobre el Covid 19 si se abre la página “EL VIRUS QUE ESTÁ CAMBIANDO AL MUNDO”. Aquí quiero hacer un pequeño resumen. En una sesión de vídeos que estoy preparando, explicaré en mejor forma mi teoría. Todos esos artículos se actualizarán a su debido tiempo, pero su estructura no cambiará. Lo que dije entonces lo mantengo hoy. Además, hay otros artículos que aún no he publicado, pero que están a punto de serlo.

No hay una respuesta exacta al por qué del avance de esta enfermedad, aunque no debería sorprendernos. En realidad, se sabía desde hace mucho tiempo que aparecería un virus con características similares. Es lamentable el resultado que el virus ha arrojado, pero es menos mortal que otros virus o bacterias. En el futuro pueden aparecer otros virus o bacterias mucho más peligrosos. Es posible que esta enfermedad sea una forma de la Naturaleza de advertirnos de lo que puede suceder más adelante. Y creo que debemos pensar por qué se ha producido este aparente desequilibrio. Es posible que seamos nosotros -como especie- quienes hemos provocado esta enfermedad. Tal vez somos nosotros los que estamos desequilibrando el ecosistema de nuestro planeta. Cabe recordar que las bacterias y los virus han existido en este planeta desde mucho antes de que existieran otras formas de vida. Tanto las bacterias como los virus han existido durante billones de años, es decir miles de millones de años. Nosotros, los seres humanos, somos los recién llegados, con menos de 200 000 años (como Homo Sapiens).

En los últimos 10 000 años se han formado distintas civilizaciones y se ha llegado a poblar todo el planeta. En los últimos siglos se ha logrado cambiar todo el ecosistema y se está acelerando el cambio climático a tal extremo de que dentro de pocos decenios va a ser muy difícil nuestra supervivencia. La supervivecia de virus y bacterias, por el contrario, estará asegurada por millones de años más.

Yo no pretendo tener la verdad ni las respuestas, pero creo que debemos reflexionar seriamente sobre cómo queremos vivir en el futuro y qué mundo le vamos a dejar a las futuras generaciones.

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