DARSE POR VENCIDO O SEGUIR LUCHANDO?

Nota: Esta entrada se publica simultáneamente en mi blog personal y en mi blog público. 

Se podría afirmar, con casi absoluta certeza, que este dilema se lo plantea una gran parte de los seres humanos, especialmente en esta época de incertidumbre. Aunque todas las épocas son iguales de inciertas, desde que tenemos conocimiento de datos históricos. En todas las épocas de las civilizaciones conocidas hasta ahora ha habido enormes problemas de inseguridad, de difíciles relaciones humanas, guerras, opresión, discriminación, injusticias de todo tipo, sufrimiento y muertes violentas. En todas las épocas ha habido gente que ha luchado contra todo eso hasta el final, buscando un cambio importante de la vida humana, aunque no tuvieran muy claro qué era lo mejor para ellos y/o para su entorno o la sociedad. Desde entonces y hasta ahora ha habido mucha gente sin capacidad de lucha suficiente, que se ha rendido frente a las adversidades o frente a un enemigo muchas veces superior. Hoy, como siempre, mucha gente pierde la esperanza y no sabe si continuar intentando lo casi imposible o dejarse llevar por la cotidianidad simple. 

En épocas anteriores había menos conocimientos que ahora. Había menos adelantos científicos y tecnológicos y menor desarrollo intelectual. Nuestros antepasados no tenían los elementos de raciocinio que permitieran un análisis de la vida ni de lo que ocurre en nuestro derredor, como podemos hacerlo nosotros. Si comparamos a un habitante de una de las civilizaciones antiguas, por ejemplo, ni siquiera sabía que había algo más allá de una montaña o de un lago. Uno de un millón tendría alguna idea de comunicación escrita o visual, utilizando algunos símbolos, como los grabados en algunas cavernas. Hasta finales del siglo XIX casi nadie sabía leer ni escribir, que eran materias separadas. Sólo los estudiantes universitarios o quienes querían ser sacerdotes tenían ese privilegio. Además, había mayor control de nuestros pensamientos y nuestra conducta, por parte de los gobernantes, de los reyes o de los líderes religiosos (que muchas veces eran los mismos). La religión tenía una influencia ilimitada, porque estaba prohibido cuestionar sus postulados. Cuando una religión entraba en decadencia era reemplazada por otra, tanto o más cruel y censuradora que la anterior, a pesar de que se autoproclamaban pacíficas y divulgaban el amor por el prójimo. En nombre de Dios y de sus mandamientos castigaban, incluso con torturas y con la muerte a quienes no estaban de acuerdo con el designio divino. De esa forma, la religión frenó el desarrollo de la sociedad durante milenios, gracias a su enorme poder. Muchos pensadores murieron o tuvieron que retractarse de sus ideas para no ser condenados a la horca o a la hoguera, como fue el caso de Galileo Galilei, que cometió el «error» de decir que nuestro planeta se movía en el espacio. La moral, el respeto a las ideas, la aceptación de otras etnias distintas a la que cada persona pertenecía, la aceptación de personas que vivían o pretendían vivir en forma distinta a las establecidas por las religiones y los gobernantes, eran cosas muy ambiguas o no existían, en absoluto. 

Los viajes eran más largos en las épocas anteriores a la nuestra. Para recorrer solo algunos pocos kilómetros se podía tardar días, caminando. Más tarde se utilizaron animales y mucho después carruajes con ruedas. Las noticias tardaban mucho tiempo en llegar a lugares remotos. Antes de los viajes en avión éstas tardaban meses en llegar de un continente a otro, por vía marítima. Actualmente llegan automáticamente, en cosa de segundos o minutos. En la época actual, por lo tanto, hay mayor cobertura de lo que sucede en cada ciudad, e incluso, en cada país. Por eso las noticias llegan más rápido a nuestros sentidos audiovisuales. Al mismo tiempo, esas noticias nos llegan más tergiversadas que nunca y se mezclan con mentiras y manipulaciones. Basta con cambiar una palabra o una frase que se saca de contexto, para transformar una información verídica en algo burdo.  A eso se suma una gran cantidad de noticias falsas (para las cuales se suele usar la expresión anglosajona: fake news). Lamentablemente, ese tipo de noticias abundan y muy pocas veces son desmentidas. Cuando se llega a reconocer un error, se lo hace con letras pequeñas y únicamente en unos pocos medios de comunicación. En las mal llamadas «redes sociales» (en realidad son plataformas digitales y/o virtuales que son dirigidas y controladas por sus dueños) esas mentiras perduran impunemente y se repiten constantemente, las 24 horas del día. Este tipo de desinformación se enriquece con fotografías y vídeos trucados. Se utiliza material de otras ciudades y fechas para hacer creer a los lectores y televidentes (o usuarios de «redes sociales») de que lo que se transmite ha sucedido recientemente, cuando en realidad se trata de algo que ocurrió varios años antes y en otro país. También es común que un hecho real se transforme en un medio de propaganda política y/o terrorista, que engendra odio y altera el buen funcionamiento de una sociedad.

Las carencias que hay en países que intentan cambiar el modo de producción se atribuyen al fracaso de la gestión gubernamental o de sus instituciones. Se utilizan esas carencias como la prueba de que una ideología política es mala, que es la causante de todo el sufrimiento de la población, por ejemplo. Se ignoran o se minimizan las causas de la pobreza y de la falta de recursos del Estado para hacer frente a las necesidades de la gente. Se ignora o se niega la existencia de bloqueos económicos y sanciones de todo tipo que se aplican a algunos países. El ejemplo más claro de esto es Cuba, un país que sufre un bloqueo económico (no es embargo, como suelen decir muchos medios de comunicación y dirigentes políticos que mezclan distintos términos) durante ya más de  60 años, que impide su desarrollo económico, como también impide adquirir insumos necesarios para fabricar todo tipo de artículos de primera necesidad, como las medicinas. La finalidad del bloqueo es muy clara: se trata de ocasionar el mayor descontento posible entre la población cubana, intentando crear condiciones para ocasionar insurrección y derrocar al gobierno. A quienes son responsables de estas atrocidades no les importa, en absoluto, que el bloqueo y las sanciones (que tanto lo uno como lo otro son medidas injustas e ilegales) ocasionen hambre, enfermedades y muerte a temprana edad de una gran parte de la población cubana, que se hunde en la desesperación y el sufrimiento. La finalidad es «demostrar» que el comunismo es malo.

Quienes hemos estado en ese país, hemos compartido (de una u otra manera) todas las miserias a las que se enfrenta la población, que trata de sobrevivir, en parte, gracias a la ayuda que da el Estado a todos los ciudadanos, que subvenciona algunos de los alimentos más necesarios. Esa ayuda (que no existe en casi ningún otro país del mundo) se hace insuficiente. El agua, el gas y la electricidad también son subvencionadas por el Estado. Eso tampoco sucede en muchos otros países. Uno de los pocos países donde también se subvencionan estos servicios es en Venezuela, que también sufre bloqueo y sanciones de todo tipo. Lamentablemente los productos que se subvencionan y distribuyen a toda la población han disminuido cada vez más, a causa de nuevas sanciones y bloqueo permanente, además de sabotajes que se realizan a menudo. Aparte de eso, Cuba ha sufrido las inclemencias de la Naturaleza, con huracanes y otras catástrofes y accidentes, además de la pérdida de ingresos en la industria turística, debido a la pandemia de Covid 19. Parte de la población comercia con los productos que les entrega el Estado a un costo bajísimo y lo venden a un precio diez o más veces superior. Hay gente que se encarga de sobornar (corromper) a empleados que trabajan en las tiendas o distribuidoras y luego venden gran parte de los alimentos en el mercado negro. Lo que sucede con los alimentos también sucede con artículos que se venden en tiendas donde se paga con MCL (la moneda que se equipara a las divisas extranjeras). Muchos dependientes de esas tiendas favorecen a familiares o amigos para que puedan comprar mayor cantidad de esos artículos (menaje, electrónica, bicicletas, motos, pañales, artículos de aseo y perfumería, etcétera). Gran parte de esos artículos también se venden, posteriormente, en el mercado negro. A pesar de los controles del gobierno, es imposible (hasta ahora) eliminar esas costumbres, por la falta de productos que esas mismas prácticas (además del bloqueo y las sanciones económicas) generan. La necesidad (provocada por lo dicho anteriormente) induce a mucha gente a delinquir y a agravar la situación económica de toda la población. En cuanto a los servicios de agua, gas y electricidad, lamentablemente, no hay conciencia del ahorro. Gran parte de la población derrocha lo que tanto le cuesta producir al Estado. Hay gente que tiene luces encendidas las 24 horas del día, también hay quienes no apagan la cocina de gas de tubería, para ahorrar cerillas. Son frecuentes los escapes de agua, que inundan algunos vecindarios y el preciado líquido se escurre por los sumideros hasta grandes distancias y se tarda en detener el escape, ocasionado por gente que olvida cerrar las llaves cuando llena sus estanques, entre otras causas..

Por supuesto que también se han cometido errores desde la dirigencia (muchos de ellos se han reconocido oficialmente), pero estos se deben, en gran medida, al no poder encontrar mejores soluciones cuando se cierran todas las puertas desde el exterior. Sobre este tema habría que escribir un libro muy denso, que solo puede ser redactado por alguien que haya estado muchas veces o mucho tiempo en el país caribeño y se haya mezclado con la población, no solo en plan turismo. Es ridículo utilizar la pobreza y las carencias que afectan a la población de un país como Cuba, como si fueran pruebas del fracaso del socialismo, que es la fase previa al comunismo, lo que aún no existe en ningún país del mundo. El comunismo es una etapa superior, en la que todos los ciudadanos tendrían derecho a una vida plena, con todos sus problemas básicos solucionados: educación, salud, trabajo, vivienda, alimentación, vestuario y esparcimiento. En realidad, todos los partidos políticos, incluyen en sus programas esas metas o algunas de ellas. La diferencia es en qué forma se pretende llegar a lograr esos objetivos: con políticas conservadoras y liberales, que se basan en la explotación de la clase trabajadora y un injusto reparto de las riquezas, por una parte; o con políticas sociales o socialistas, que beneficien a toda la población, de otra parte. Nadie, ni siquiera con un mínimo de inteligencia, podría decir que el comunismo es malo, porque es lo que todo ciudadano debería desear. Una sociedad que satisface todas las necesidades de la población no daría lugar a la corrupción, a estafas, sobornos, delitos económicos y muchos otros. Todos los países que han intentado planificar la construcción de un sistema comunista han fracasado, hasta ahora. La oposición interna y externa han saboteado de todas las formas posibles los intentos de siquiera llegar al socialismo. A ello debe sumarse la corrupción, que es una herencia de anteriores sistemas de gobierno (mejor dicho, de sistemas de producción) y está arraigada en toda la población. Lo mismo ocurre en países en los que se intenta aplicar reformas que beneficien a la mayoría de la población a pesar de que sus propulsores ni siquiera plantean la construcción del socialismo. 

A la menor sospecha de que se intente modificar las leyes que benefician a las grandes empresas que obtienen enormes ganancias, en desmedro de los intereses de la población de trabajadores, se recurre a una frase muy usada desde hace decenios: se quiere suprimir la libertad y la democracia. Inmediatamente se asocia el supuesto peligro con el comunismo y se inician campañas mediáticas para exigir la dimisión o el derrocamiento del gobierno. Ejemplo de esto es lo que ocurre actualmente en España. Allí el gobierno está formado por una coalición de partidos reformistas y de izquierda, teniendo mayor poder de decisión el PSOE (Partido Socialista Obrero Español), que muy poco tiene de socialista. Muchas de sus acciones son similares a las de los partidos de derechas, que apoyan y defienden a la corrupta monarquía de los Borbones. Otro partido de la coalición de gobierno es Podemos, un partido reformista que está un poco más inclinado a la izquierda, pero no lo suficiente. También hay un grupo más pequeño (Izquierda Unida) en el que está incorporado el Partido Comunista Español (que casi no tiene influencia). Podemos e Izquierda Unida están integradas en Unidas Podemos. A pesar de que el «riesgo» de que se avance hacia una sociedad socialista (menos aún «comunista») está descartado, se acusa al gobierno de coalición de destruir las instituciones del «estado democrático». Los partidos de derechas (cuya mayor fuerza la tiene el Partido Popular) son, en gran parte, herederos del franquismo, que mantuvo una férrea y cruel dictadura durante 36 años, después de haber derrotado (en una guerra civil que surgió gracias al Golpe de Estado de 1939) a los defensores de la Segunda República, la cual había sido elegida por la mayoría del pueblo español. La dictadura de Francisco Franco se apoyó en tres pilares fundamentales: la iglesia católica, el partido fascista «La Falange» y el ejército. Franco, antes de morir, designó a Juan Carlos I (hijo de Juan de Borbón) como sucesor y rey. Sobre esto también se puede escribir un libro en el que se detallen todas las etapas que hubo antes y después de la dictadura franquista. En este artículo no hay espacio para profundizar mucho en este tema.

Cada vez que el gobierno español propone una ley o medidas que intenten cambiar algo del injusto estado de opresión, se lo acusa de tomar medidas en contra del Estado de Derecho. Para gobernar, además de partidos de izquierda, el PSOE cuenta con el apoyo de algunos partidos nacionalistas, más específicamente de Cataluña y País Vasco. Con estos partidos se ha llegado a algunos acuerdos que benefician a todos los sectores. Uno de los mayores problemas para el Reino de España es el deseo de los movimientos nacionalistas de independizarse del reino. La Comunidad de Cataluña, gobernada por partidos nacionalistas, ha intentado hacer referendos entre su población para que ésta se pronuncie al respecto, pero se le impide esa posibilidad. Cuando gobernaba el Partido Popular se recurría a la Justicia y se acusaba a los partidos catalanes independentistas de sedición, por intentar llevar a cabo una consulta popular, en el que los ciudadanos catalanes decidieran si querían la independencia de España o no. El PSOE ha intentado solucionar el problema recurriendo al diálogo y la política. Por eso se ha acordado hacer algunas reformas en el Código Penal, algo a lo que las derechas se oponen. El intentar hacer reformas puede ocasionar una fisura enorme en las instituciones españolas, que puede generar un caos, sin saber en qué puede terminar todo. El Partido Popular tiene, además de la posibilidad de ganar en las próximas elecciones parlamentarias, el apoyo de los jueces del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional, que han sido designados, en su mayoría, por el Partido Popular. Estas dos instituciones deberían de haberse renovado hace varios años, pero los partidos de derechas se han opuesto a la renovación, para mantener esos poderes a su servicio. Este es otro tema del que se puede escribir mucho, tampoco hay espacio en este artículo para explicar cómo funcionan los poderes del Reino Español, cómo surgió la actual constitución monárquica y qué alternativas puede haber en el futuro. Lo único que se podría decir con certeza y en forma muy resumida es que el problema institucional español es una verdadera bomba de tiempo, que puede estallar en cualquier momento. Puede suceder que los jueces (como se ha dicho antes, han sido designados en su mayoría por el PP) puedan crear las condiciones para un Golpe de Estado de las derechas. Vale remarcar que muchos de los cargos del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional ya están caducados, porque debieron ser renovados, algo a lo que el PP se ha opuesto durante cuatro años. De hecho, a petición del Partido Popular, los jueces han intervenido y detenido el trabajo del Congreso, impidiéndole legislar. En un verdadero Estado de Derecho, los diputados de un congreso o asamblea tienen la tarea de legislar y los jueces son los encargados de aplicar las leyes. Pero en este caso, un poder se salta el orden e impide el funcionamiento de los otros poderes, lo que es antidemocrático.

Volviendo al tema general, los grandes medios de comunicación y las declaraciones de altos cargos políticos contribuyen a la mentira y la manipulación, algo que se hace abiertamente, ya sin tapujos. Conocidos intelectuales, artistas y deportistas se suman a ese delirio por aumentar la desinformación. De esa forma se hacen más famosos y aumentan su prestigio y sus fortunas. Todo, en el fondo, está relacionado con el dinero. Lamentablemente, hay gente honesta que también se deja arrastrar por toda la desinformación, y a su vez, contribuye a aumentar las falsedades. Quienes tienen mayor comprensión de la realidad y pueden interpretar, entre líneas, algo de la verdad, se sienten atados, sin capacidad de hacer nada para contrarrestar esa gran montaña de desinformación que sumerge a grandes masas de personas en la ignorancia, transformándose en entes alienados, que viven en la máxima oscuridad.

Ante esa realidad, mucha gente consciente puede llegar al límite de su tolerancia o aceptación. Se sienten impotentes por no poder hacer nada que cambie todo eso. Más impotentes se sienten al constatar que muy poco se puede hacer por cambiar los sistemas de opresión y de injusticia social. Es difícil encontrar a más personas que piensen de la misma forma y que tengan capacidad para influir en partidos políticos y otros movimientos sociales. Los intereses individuales prevalecen, ante los intereses de la colectividad. Los intereses de un grupo de personas, de una región o de un país prevalecen ante los intereses de la comunidad internacional (entiéndase de los pueblos o de la gente, no de las alianzas de gobiernos). Esto provoca incertidumbre y división. No es fácil encontrar un lugar donde luchar por el bien de todos. De ahí el dilema: luchar o no luchar, luchar o rendirse y dejar que todo siga igual.

Todos los conflictos que hay en el mundo tienen su origen en tres causas fundamentales: dinero, religión y/o de tipo étnico. En la mayoría de los casos se mezclan todos esos ingredientes. Casi todos (por no decir todos) los conflictos religiosos tienen su origen en las antiguas civilizaciones de Mesopotamia y Grecia. Todas las religiones tienen su origen en la misma región de Asia, desde antes de los sumerios, los que le dieron más forma a los mitos religiosos, que más tarde fueron copiados por otros grupos étnicos, como los israelíes y los griegos. Las leyendas que serían el fundamento de libros religiosos fueron traspasadas y adaptadas, más tarde, por las religiones de los faraones egipcios y aún más tarde por las cristianas y musulmanas. Todo esto puede ser probado científicamente gracias a los hallazgos y posteriores estudios de material arqueológico que se han hecho. Es muy probable que aún queden por descubrir más restos arqueológicos que algún día podrán confirmar todavía más lo descubierto hasta nuestros días. Por supuesto que siempre habrá rechazo a los resultados de investigaciones científicas. Historiadores, escritores, periodistas, filósofos y líderes religiosos harán todo lo posible por desvirtuar el resultado de la ciencia, aunque la teoría de la evolución está siendo cada vez más aceptada que las teorías de la Creación. La ciencia se impone ante las ideas abstractas y dogmáticas aunque, lamentablemente, en forma muy lenta.

Pasarán aún muchos lustros o siglos antes de que la mayoría de la gente no sólo acepte la veracidad de la ciencia frente a los dogmas religiosos, sino que, además, renuncie definitivamente a la desvirtuación de la realidad, que nació hace más de ocho mil años, que se fue perfeccionando a partir del tercer milenio antes de Cristo y que perdura hasta la actualidad. Siempre ha habido desigualdades, como también ha habido división de clases y actualmente más que nunca, aunque los grandes líderes de partidos de derechas pretenden hacernos creer que las clases sociales no existen, que todos somos iguales ante la ley. Sin embargo, el director de una sociedad financiera (holding) puede tener una fortuna de decenas o centenas de millones de dólares, mientras un trabajador del campo o de la industria de un país pobre apenas tienen para comer y vestirse, además de vivir en chozas o debajo de algún puente. Mucha de esa gente puede pasar días sin probar un bocado y hasta llegan a alimentarse de lo que recogen en los basureros.

Las clases sociales y las luchas entre ellas son un invento que se usa para adoctrinar, para ideologizar, para destrozar la democracia y suprimir la libertad (o las libertades, como se suele subrayar). Esos son los principales argumentos que utilizan los representantes de las oligarquías para combatir las ideas de quienes quieren eliminar las desigualdades y construir un mundo más justo. Gran parte de los partidos de izquierda evitan utilizar términos que han sido satanizados por los expertos en propaganda psicológica de los laboratorios de inteligencia creados por la CIA, el Mossad y muchas otras agencias de espionaje y manipulación de países europeos. Se teme hablar de comunismo o de socialismo, por ejemplo. La verdad es que son los partidos de derechas los que más han utilizado el adoctrinamiento o ideologización, lo que han heredado de milenios de influencia religiosa. Acusan a los partidos de izquierda de algo que ellos han practicado desde siempre. De hecho, toda su argumentación se basa en la defensa de la cultura occidental y cristiana, además de defender los códigos judiciales heredados del Imperio Romano y adaptados por Napoleón Bonaparte, defensor de la burguesía en contra de la nobleza, aunque él mismo se autoproclamó emperador y creó una dinastía real. Bethoven le dedicó la sinfonía número 3, Heroica porque lo admiraba. Pero cuando Napoléon se declaró emperador, el gran músico se arrepintió de ello y le cambió  el nombre a esa hermosa obra musical.

Algunos partidos de izquierda pretenden convencer a los indecisos (gente que tiene dificultades para elegir una opción política) con expresiones como progresismo, por ejemplo. Con esa palabra se intenta suavizar algo que las derechas han deformado. El progreso, sin embargo, puede ser positivo o negativo, dependiendo de quiénes se benefician con el mismo. Mejorar la condición humana se suele confundir con superación económica, que puede ser individual o colectiva, aunque en sus inicios se trataba de superación espiritual. También se usa, tanto de la izquierda como de la derecha, la palabra «populista» para denigrar a algunos rivales. Pero pocos saben lo que ese término significa, realmente. La característica principal de lo que se suele denominar como populismo es que se basa en el apoyo popular o la tendencia a buscar ese apoyo. Sin embargo, todos los partidos políticos, sin excepción, buscan ese apoyo. Por lo tanto, todos los partidos políticos deberían llamarse populistas. 

La realidad es que sólo hay partidos de izquierda y partidos de derechas. Por mucho que surjan partidos que se declaren de centro, de centro izquierda o de centro derecha, todos tienen tendencia a defender los intereses de distintas clases sociales. Hay partidos de derechas que pretenden ser populares (no se llaman asimismo populistas sino son tildados así por sus adversarios), pero representan los intereses de las clases más acomodadas de la sociedad. Hay partidos de izquierda que se desmarcan de los argumentos de partidos políticos de la izquierda tradicional. Estos partidos también son tildados de populistas, aunque a veces son los que rescatan el apoyo que la izquierda tradicional pierde, en favor de las derechas. También hay partidos que se forman en torno a problemas específicos, como feministas o medioambientalistas, por ejemplo. Pero esos partidos tienen, a menudo, muchas contradicciones y tarde o temprano tienen que definirse por la izquierda o por la derecha. Estos partidos suelen restar el apoyo a los partidos de izquierda, que no han sido capaces de incorporar claramente algunos problemas que aquejan a una buena parte de la población o a toda la sociedad, por no formar parte directa de la economía o de la situación social. Un ejemplo son los problemas ecológicos, a los que no se dio importancia hasta recientemente, a finales del siglo pasado. Por supuesto, eso tiene que ver con la evolución científica y tecnológica. Hace cien años nadie se podía imaginar en qué forma la industria, la minería, la petroquímica, la comunicación informática, el transporte y la agricultura globalizada afectarían el ambiente. Los partidos de izquierda estaban muy ocupados en luchar por la distribución equitativa de las riquezas y de la reivindicación de los derechos de la clase trabajadora, por eso no alcanzaron a darse cuenta de los nuevos problemas que aparecían, a la par del crecimiento de la industrialización y de innumerables nuevos servicios. El problema del machismo y la discriminación de la mujer tampoco fueron tomados en cuenta hasta hace muy poco tiempo. Las distintas identidades de género y el derecho de las personas que optan por otro tipo de sexualidad que el tradicional (entre hombre y mujer) tampoco fueron tomados en cuenta a su debido tiempo. De ahí que nacieran muchos grupos que hicieron resaltar esos problemas específicos y se transformaron en fuerzas «independientes» que fueron reemplazando a los partidos que debieron incluir en sus programas esas problemáticas.

Los partidos denominados «verdes», feministas, animalistas o de otra índole pueden apoyar a los partidos de izquierda en algunos puntos importantes. Pero también pueden entregar su apoyo a los partidos de derechas en otros puntos. Esto es comprensible, puesto que sus programas y argumentos suelen ser ambiguos. Tanto los partidos populistas de derechas como los partidos regionalistas o temáticos provocan división entre los partidos de izquierdas, favoreciendo a los partidos de derechas. Esos partidos se adueñan de banderas de lucha que ha utilizado la izquierda. A pesar de tener una ideología de derechas se hacen pasar por defensores de los derechos de los pobres, por ejemplo. Los partidos que son tildados de populistas de izquierda, sin embargo, muchas veces contribuyen a fortalecer la unidad de las izquierdas. Sus argumentos suelen ser más sólidos y orientados a resolver los problemas de las clases más desfavorecidas. 

En los últimos decenios han surgido muchos partidos de extrema derecha. Todos esos partidos tienen su origen en el nazismo, en el fascismo o en sus seguidores e imitadores; son homófobos y racistas. Representan lo que en su día fue la negación del derecho de todos los pueblos de la tierra a una vida digna, indiferentemente del grupo étnico al que pertenezcan o de su credo religioso. Esos partidos aprovechan cualquier tipo de descontento que exista en la población para convencerla de que la única manera de que una nación prospere es marginar, aislar o liquidar a todos los que piensen en forma distinta a ellos. Se adueñan, por ejemplo, del problema de la inmigración, culpando a los inmigrantes de la mayor parte de los problemas de la sociedad, como la falta de trabajo, de vivienda, de la inflación y otros muchos que aquejan a todo un país. Por eso, según ellos, hay que cerrarles las puertas, expulsarlos o privarlos de todos los beneficios a los que tienen derecho únicamente los «hijos de la patria». Al mismo tiempo odian todo lo que signifique igualdad y por ende, todo lo que se asemeje al comunismo.

Nosotros (quiero decir, quienes vivimos en el llamado mundo occidental) no sabemos mucho sobre culturas orientales. Todo lo que sabemos nos llega a través de la televisión, literatura, periódicos y la radio. Últimamente podemos recibir más información a través de las plataformas digitales. Pero toda la información es muy limitada. Como se ha dicho antes, en este artículo, esa información llega (la mayoría de las veces) tergiversada. Sea como sea, hay grandes diferencias entre las costumbres de países asiáticos y africanos, por un lado, y las costumbres de países europeos y americanos, por otro. Hay muchas cosas en común, pero otras son abismalmente distintas. Si hay diferencias entre nuestros países, incluso de los que comparten fronteras comunes y hablan un mismo idioma, con mayor razón las hay entre los distintos continentes. La Historia está plasmada en episodios crueles y dolorosos. Distintos imperios dominaron a los habitantes de esas regiones durante milenios. Cuando los arcaicos imperios cayeron, fueron reemplazados por los imperios occidentales y más tarde por los países colonialistas, que se apoderaron de todas sus riquezas, al igual que hicieron con los países americanos. Luego vinieron las independencias de esas colonias y el surgimiento de nuevos reinos, emiratos y sultanatos: nuevas formas de opresión de una clase sobre otras. Rusia, India, China y algunos otros países lograron formar repúblicas. La mayoría de los países africanos y asiáticos se transformaron en reinos o repúblicas islámicas. La influencia de las religiones budista, hinduista y musulmana es enorme en esos continentes, aunque también hay comunidades cristianas (católicas y ortodoxas, mayoritariamente). La complejidad es mayúscula. A eso le debemos agregar las dificultades idiomáticas, por la riqueza y diversidad de tantas lenguas. Al igual que en las religiones cristianas, que se dividieron en distintas confesiones como la católica, luterana ortodoxa, anglicana, evangelista, bautista, etcétera; las musulmanas también se dividieron en distintas ramas, entre las que destacan los sunitas y los chiitas. La radicalización de algunas ramas musulmanas ha sido enorme y ha sumido a su población (especialmente a las mujeres) a un estado de opresión imposible de aceptar por quienes tenemos una visión humanista e igualitaria. Eso sucede en la mayoría de los países dominados por las religiones, como es el caso de Catar, Irán, Arabia Saudí, Afganistán, etcétera. En algunos países la opresión contra las mujeres es mayor que en otros, pero en todos existe. Los países occidentales critican más a unos países que a otros. Son más duros, actualmente, con Irán, donde ha habido revueltas a causa de la muerte de una mujer por no cubrir bien su cabeza. La policía la detuvo y murió en prisión. Por supuesto que eso no se debe aceptar bajo ningún concepto. Pero tampoco se debe aceptar lo que sucede en Catar, un país abiertamente homófobo al que se premia con la celebración de un Mundial de Fútbol. A Arabia Saudí se la apoya con armas (España es uno de sus mayores proveedores) a pesar de haberse demostrado que el príncipe heredero ordenó el asesinato, descuartización y desaparición del cuerpo de un periodista en la sede diplomática con domicilio en Estambul, Turquía. Los aliados árabes de occidente gozan de una completa inmunidad.

Es difícil comprender la cultura de cada sociedad, especialmente las orientales. Habría que sumergirse profundamente en su historia y estudiar la forma en que se formaron los estados modernos de Asia y África para lograr entenderlas mejor. Por eso este tema queda pendiente, será analizado en otro artículo.

Volviendo a asuntos de interés general, sería bueno hacer resaltar una frase muy importante que aparece en el segundo testamento de la Biblia: quien a hierro mata, a hierro muere (Evangelio de San Mateo, capítulo 25, versículo 52). También conviene resaltar que los evangelios son leyendas que se traspasaron de boca a boca por algunos de los primeros seguidores de Cristo, que se escribieron cerca de 100 años después de la muerte del profeta (para algunas religiones) o Hijo de Dios (para otras). Esos escritos, por lo tanto, no fueron redactados por testigos directos de los viajes y discursos del líder religioso, sino por otras personas y mucho después. Los primeros seguidores de Cristo eran analfabetos, no sabían leer y menos aún escribir. En el Concilio de Trento (una serie de sesiones de pontífices católicos entre los años 1545 y 1563) se ratificó la elección de cuatro (entre centenares de evangelios) que se había hecho en el Concilio de Nicea (año 325). 

También hay otra frase importante que aparece en el Antiguo Testamento: ojo por ojo, diente por diente (Éxodo 21:24). Este libro fue escrito, supuestamente, por el profeta Moisés. Ambas frases pudieron haber sido copiadas del Código de Hammurabi (conviene recordar que gran parte de los integrantes del Reino de Judá estuvieron sometidos o en cautiverio (aunque también protegidos) por el reino de Babilonia, en el siglo VI A.C. durante, aproximadamente 70 años. Allí aprendieron y asimilaron gran parte de la cultura babilónica. Los babilonios, a su vez, pudieron haber copiado esas y muchas otras frases o expresiones de los escritos o leyendas provenientes de los antiguos sumerios, cuya existencia se remonta a 3000 o 4000 años A.C. 

Aunque el significado es muy distinto, las dos frases se refieren a la violencia y a la justicia. El versículo atribuido a San Mateo, se refiere a la inutilidad de recurrir a la violencia, porque la respuesta o la venganza puede ser de la misma forma. Muchos sacerdotes y pastores han utilizado esa frase en muchos de sus discursos o sermones, pero no han dudado en apoyar acciones de violencia, en muchas ocasiones. Lo de no matar ni poner la otra mejilla no ha sido siempre la mejor opción y por eso se ha matado a mucha gente inocente en cruzadas y todo tipo de guerras. Todo eso, en nombre de Dios. En cuanto a la frase del libro Éxodo, se hace alusión a que quien comete un delito debe pagar, también en la misma forma. Si alguien mata a una persona, debe castigar su delito con su propia muerte, por ejemplo. No existe el perdón. Esas dos frases han servido en muchas épocas para justificar agresiones en contra de gente inocente. En algunas ocasiones se ha recurrido, incluso al ataque de sorpresa, a una guerra «preventiva». Recurriendo a mentiras sobre supuestas acciones del adversario, como fue el caso de la Invasión de Irak, por parte del presidente norteamericano George W. Bush en el año 2003, con el pretexto de que Sadam Hussein poseía armas de destrucción masiva. Esas armas nunca existieron. 

En cierto modo, la primera frase bíblica (aunque sería mejor decir, posiblemente de origen sumerio) tiene una confirmación constante, en la Historia. Una guerra lleva consigo la respuesta del adversario y luego la contra respuesta, lo que convierte todo en un círculo vicioso. La violencia genera más violencia.  La única forma de cerrar ese círculo y terminar con los conflictos es dialogar y buscar el origen de los conflictos. Para ello es necesario que exista una especie de gobierno internacional (sin Consejo de Seguridad). El actual Consejo De Seguridad de las Naciones Unidas está integrado por solo 10 países, de los cuales sólo 5 son miembros permanentes (La ONU tiene 193 miembros): Estados Unidos, China, Federación Rusa, Francia y Reino Unido. De esa forma, los países occidentales siempre tienen mayoría. Los miembros no permanentes no tienen mucha influencia y no duran mucho tiempo, solo dos años. Las decisiones del Consejo Permanente tienen más fuerza que las tomadas en la Asamblea General de todos los países miembros. Es decir, la minoría decide sobre la mayoría. Por otra parte, las decisiones que se toman en el Consejo de Seguridad solo se exige cumplirlas a los países más pobres o no occidentales. Países aliados de Estados Unidos no acatan las decisiones, como es el caso de Israel, que se burla de ellas. A pesar de no cumplir las decisiones del Consejo, Israel recibe apoyo de Estados Unidos y de otros países occidentales para continuar el sometimiento del pueblo palestino, el despojo de sus tierras y de sus riquezas. A esto se le llama democracia y respeto a la Comunidad Internacional.

Con respecto a la guerra de Ucrania (aunque sería mejor decir que es la guerra entre la OTAN y Rusia) ya se ha escrito suficiente en entradas anteriores de este blog. Convendría recordar, de todas maneras, que la guerra no comenzó con la intervención militar en Ucrania por parte de Rusia. Si se busca en Internet, las noticias más destacadas que tocan el tema de Ucrania son a partir de 2019. La verdad es que la guerra comenzó mucho antes. Habría que remontarse al año 2013, antes del Golpe de Estado en Ucrania. Fue entonces cuando los infiltrados de la CIA, junto a facciones fascistas lograron organizar revueltas para derrocar al presidente Víctor Yanukóvich, que había sido elegido legalmente. Después del Golpe de Estado fue elegido Petró Poroshenko, un acaudalado y corrupto empresario. Durante su gobierno comenzó una brutal persecución de los seguidores del derrocado presidente y de las minorías rusas, que son mayoritarias en las regiones de Crimea, Donetsk y Lugansk. Las poblaciones de esas regiones se fueron rebelando, una a una. La respuesta de Kiev y Poroshenko  fue iniciar bombardeos continuos desde el año 2014, ocasionando miles de muertos y heridos en esas regiones. Después de aquello los habitantes de las poblaciones (en su gran mayoría, rusos) se declararon independientes. Más tarde, gracias a la popularidad que había conseguido el cómico y actor Volodymyr Zelensky y a sus discursos contra la corrupción que caracterizaba a Porochenko, fue elegido presidente, en abril de 2019. Por un tiempo se creyó que la elección de Zelensky podría detener el conflicto con las regiones separatistas, puesto que parecía inclinado a buscar una solución pacífica. Sin embargo, presionado por Estados Unidos y la OTAN, el nuevo presidente continuó con las masacres de las minorías rusas (minorías en Ucrania, pero mayoría en las regiones del Donbáss).

Para lo que en Ucrania y en Occidente se considera invasión, para el presidente ruso, Vladimir Putin es una operación militar especial. La verdad es que ambos términos están mal empleados. Putin debió llamar a esas acciones: respuesta o acción de represalia (esta expresión ha sido usada muchas veces por Estados Unidos  e Israel en algunos conflictos bélicos) a una guerra ya comenzada. Aunque no declarada, en términos formales, ya era una guerra, que había comenzado en 2014. La intervención rusa en Ucrania fue la respuesta a esa guerra. Que fue acertada o no, es otra cosa. Un bombardeo indiscriminado a varias ciudades, al inicio de la intervención no fue la mejor decisión, sin lugar a dudas. Lo cierto es que la OTAN ha estado ampliando sus territorios de influencia, irrespetando compromisos de no amenazar la seguridad territorial rusa. Además, los países occidentales estaban armando y preparando el ejército ucraniano desde el comienzo del conflicto con las regiones del Donbáss, tal vez, incluso antes. Una vez iniciada la intervención rusa, las ayudas militares y económicas se han multiplicado en una proporción jamás conocida. Nunca antes un país había recibido tanta ayuda como en el caso de Ucrania. Esa es la única razón por la que la guerra ha durado tanto tiempo. Los cálculos de Moscú fueron erróneos desde el comienzo, porque los gobernantes rusos no se imaginaban que la ayuda y la injerencia de la OTAN había sido tan grande, durante más de ocho años. La intervención debió hacerse hace mucho antes y debió concentrarse únicamente en la región de mayoría rusa, jamás en los otros territorios de Ucrania. Eso habría restado las pérdidas económicas y en vidas humanas de ambos países. La pregunta es si eso habría bastado para que el gobierno ucraniano aceptara una negociación, basada en el reconocimiento de la independencia de Crimea, Donetsk y Lugansk. Actualmente esas regiones han sido integradas en la Federación Rusa.

Las noticias que tenemos nos llegan de una sola fuente,que viene de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN. Todos los medios de comunicación deben dar esa versión. Toda otra forma de información está prohibida, censurada o bloqueada. Los pocos medios que se atreven a decir algo distinto, deben cuidarse mucho de la forma en que se expresan. El riesgo es que sean acusados de alta traición. No todo es mentira, por supuesto. No se puede negar las consecuencias de los bombardeos rusos, no se puede negar las pérdidas de vidas humanas, tanto de soldados como de civiles. Todo eso es real. Pero se oculta mucha otra información que es importante y que nos ayudaría a comprender mejor, sobre todo, las causas del conflicto y de por qué la guerra se prolonga tanto en el tiempo. Lo más preocupante es que parece no haber conciencia de que la guerra es mundial, no es sólo de Rusia y Ucrania. Todos los países europeos y otros aliados occidentales están implicados, porque apoyan con armas, técnicos especialistas en el uso de armas, instructores militares, insumos y dinero al gobierno de Zelensky, quien puede dar su versión en todos los parlamentos o congresos, incluido el norteamnericano. El riesgo mayor es que los países europeos sean atacados y que entren más directamente en el conflicto (que ya lo están). Rusia ya ha advertido sobre esto en varias oportunidades, pero parece que los gobiernos europeos no le dan la importancia que merece. ¿Qué pasaría si un país como Suecia, Polonia u otro país que colabora activamente en el apoyo a Ucrania y que tienen fronteras cercanas con Rusia, son bombardeados? Estados Unidos está lejos, pero los países europeos están muy cerca de Rusia. Son estos países los que tendrían que sufrir las consecuencias de una guerra global, en primer lugar. Lamentablemente, no se ve voluntad alguna de querer detener la guerra, sino ampliarla.

En América Latina continúa la lucha entre las fuerzas de movimientos de izquierda y/o progresistas, por un lado, y las fuerzas de derechas, apoyadas por Estados Unidos, por otro lado. Hay una especie de equilibrio en estos momentos. Países como Argentina, México y Colombia son, hasta cierto punto, una garantía de estabilidad. Países como Perú y Chile son ambiguos y pueden inclinar la balanza en favor de los intereses norteamericanos. Chile, a pesar de tener algunos funcionarios de alto cargo, de izquierda, no es un gobierno de izquierda o no puede comportarse como un gobierno de izquierda, por estar sometido a una Constitución retrógrada, que aún conserva muchos vestigios de la Constitución del dictador Pinochet. Países como Venezuela, Nicaragua, Cuba y Bolivia sufren, mayormente, ataques de las fuerzas reaccionarias y de los agentes y gobierno estadounidenses. En Perú acaba de ocurrir un Golpe de Estado. El ex presidente cometió el grave error de querer gobernar por decreto, lo que les sirvió de excusa a los parlamentarios de las clases más pudientes (en su gran mayoría, corruptos) para destituirlo. En realidad, esos diputados nunca lo dejaron gobernar. En Brasil no hay seguridad de que se deje gobernar al presidente Lula Da Silva. El expresidente Jair Bolsonaro no ha admitido su derrota en las últimas elecciones y, a pesar de comprometerse a respetar la Constitución y la decisión del pueblo en las urnas, puede intentar un golpe de Estado, a corto o largo plazo. El tema de América Latina también es un tema que se debería analizar en otro artículo o libro.

Aparte de los problemas económicos, políticos, raciales, de género y militares, tenemos el problema del ambiente, fundamentalmente el aceleramiento del cambio climático. Hay muchos negacionistas, entre los que se cuentan el ex presidente Donald Trump. Incluso hay grupos de científicos que se niegan a reconocer que ese problema existe. Y es que tienen razón si hablamos únicamente del cambio climático. La causa de la negación es el empleo de los términos. Por supuesto que el cambio climático es algo natural, que ha existido siempre y nadie lo puede detener. Es parte de la evolución. Los planetas, como otros astros del Universo, van cambiando. Llegará el día en que nuestro planeta será inhabitable y nadie lo podrá impedir. Pero eso ocurrirá dentro de 2000 millones de años. También llegará el momento en el que el planeta en sí dejará de existir. Lo más probable es que se desintegre y se transforme en una nube de polvo estelar. Eso le ocurrirá a todos los planetas y en todos los sistemas solares. Pero para eso pasarán, aproximadamente, cinco mil millones de años o más. Nuestro planeta sufrirá varios cambios durante el tiempo que le queda de vida. Esos cambios son cíclicos, se repiten muchas veces. Habrá una nueva edad del hielo dentro de unos cien mil años, por ejemplo, o tal vez antes. Y luego habrá otra, y otra. Nuestro problema es el daño que le estamos haciendo al planeta (mejor dicho a la fauna y la flora) puede acelerarse, a causa del exceso de uso de los recursos naturales y del exceso de emisiones de gases que originan el efecto invernadero.Por eso en este blog siempre se habla de aceleración del cambio climático, no del cambio climático en sí. Y todo indica que eso está sucediendo actualmente. Las emisiones de CO2 y otros gases están calentando la atmósfera mucho más que antes. De los polos se están desprendiendo enormes bloques de hielo y el nivel de los océanos está subiendo constantemente. Los veranos son cada año más calientes y los fenómenos meteorológicos son más irregulares. De entre ellos, los huracanes son cada vez más peligrosos y destructivos. Otros fenómenos como «el Niño» fenómenos cíclicos, que se repiten entre 3 y ocho años, también se han vuelto más intensos y devastadores, provocando mayor cantidad de inundaciones, incluso en países donde antes no ocurrían. Desde finales del siglo XIX, la temperatura de nuestro planeta ha aumentado en 1,2  grados centígrados (34,16 grados Fahrenheit). En el año 2024 se puede llegar a 1,5 grados. En los últimos años, los arrecifes de coral han disminuido en 50% y se calcula que en el año 2050 se habrá perdido el 90%, lo que nos da una idea de la gravedad de este problema. Si no se toman medidas urgentes, la temperatura seguirá aumentando hasta llegar a límites insostenibles.

¿Qué se puede hacer para solucionar todos los problemas de la Humanidad? En forma individual poco podemos hacer, pero podemos intentar concienciar a la gente que hay en nuestro derredor para que, de alguna forma, podamos influir en los partidos políticos que realmente estén interesados en buscar soluciones. Todos los problemas son globales y nos afectan a todos. En los asuntos políticos tenemos menos posibilidades de influir en algo, pero en asuntos relacionados con el ambiente podemos hacer muchas cosas. Tenemos que cuidar el medio en el que vivimos. Desde el uso de los alimentos y enseres hasta el uso del transporte y demás, cada uno de nosotros puede aportar algo. Por ejemplo, no derrochar en el uso del agua, de la energía eléctrica, de detergentes, de artículos de aseo en general, perfumes, etcétera. Se ve a diario como la gente inconsciente utiliza más cosas de las que es necesario y en mayor cantidad. Muy poca gente recicla, por ejemplo. Las tiendas están llenas de artículos que no se necesitan, además de ser perjudiciales para la salud. Se demoniza el uso de artículos como el plástico. No es el uso del plástico en sí el problema sino cómo lo usamos y cómo lo reciclamos. Los ríos y mares, los campos, todo está contaminado con microplásticos. Eso es porque no lo reutilizamos lo suficiente y la gente los tira en cualquier sitio, en lugar de llevarlos a lugares de reciclaje. Las empresas encargadas del reciclaje y las autoridades correspondientes tienen que ser más eficaces en esta tarea, que es de todos.

En cuanto a los otros problemas, depende mucho de qué posición tiene cada uno en la sociedad, qué tipo de trabajo desempeña, qué capacidades están más desarrolladas, qué tipo de contactos se tiene, qué credibilidad se puede lograr entre nuestros interlocutores y qué confianza se puede inspirar, cuánto tiempo podemos dedicar a la participación en actividades sociales, etcétera. Y ahí nos enfrentamos al dilema: ¿Estamos dispuestos a luchar o solo nos conformamos con desear que las cosas cambien? Ojalá nuestros descendientes tengan más claro cómo se pueden hacer mejor las cosas.

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