PANDEMIA, EL MIEDO Y LA ESTUPIDEZ HUMANA.

Esta entrada reemplaza entrada anterior, que había desaparecido.

Con bombos i platillos, en muchos países se ha iniciado la “desescalada” y se habla de fases 1, 2, etcétera, como si alguna vez hubiéramos estado escalando una cima. Más bien, lo que ocurría era un hundimiento, un aumento de enfermedad(es) y de muerte. Lo que se podría comenzar ahora sería un repunte, una recuperación, una salida del precipicio, levantarse de un lugar desde donde nos hemos refugiado.

La famosa desescalada ha otorgado a muchos la sensación de que el peligro ya ha pasado, cuando lo que pasa es todo lo contrario. La pandemia está aumentando, aunque se haya logrado un cierto control en algunas regiones o países. Los contagios están aumentando constantemente y pueden venir nuevas oleadas de contagios masivos. De hecho, ya se ve como están surgiendo brotes cada día en distintas ciudades o regiones de muchos países.

Por otra parte, cada día van surgiendo nuevas informaciones y noticias que nos advierten de que el virus actual ya estaba en Europa a comienzos de 2019, es decir, un año antes de que se proclamara la pandemia y muchos meses antes de noviembre de 2019. ¡Y nadie de había dado cuenta! Curiosamente, todas las informaciones al respecto han desaparecido de Google y de otros motores de búsqueda (VER NOTICIA EN PÚBLICO.ES). Ningún científico puede afirmar con absoluta seguridad dónde está el origen de este virus. Sí se sabe que un foco importante se originó en la ciudad china de Wuhan. Al principio -y durante muchos meses- se creyó (o se cree aún) que el origen del virus era de esa región del planeta. Incluso se teorizó sobre la posibilidad de que el virus provenía de los murciélagos, que habrían infectado a un pangolín. No han faltado las teorías de conspiración, que han propuesto que el virus ha sido fabricado en laboratorios, como ocurrió durante la guerra biológica de Estados Unidos contra Cuba desde el año 1981, pero esas teorías han sido descartadas.

Cuando la pandemia fue declarada como tal -e incluso antes- muchos gobernantes empezaron a adoptar medidas improvisadas, siguiendo los consejos de “expertos” en epidemiología. También influyó el miedo a la opinión pública. Se temía consecuencias políticas si no se adoptaban medidas rápidas. Opositores a los gobiernos planteaban soluciones y exigían medidas duras. Algunos gobiernos tomaban medidas drásticas mientras otros vacilaban. La OMS entregaba cada vez más informaciones y recomendaciones. Finalmente, esta misma organización empezó a rectificar en la marcha y se dejaba influenciar por opiniones ajenas a las de sus propios expertos. Actualmente hay una agrupación de científicos que quiere cambiar el criterio del uso de las mascarillas, por ejemplo.

Es necesario que, tanto expertos como la gente común puedan hacer oír su voz, si creen que las cosas se puede hacer de otra manera. Cuando se intenta comunicar con alguna autoridad sanitaria o de otro tipo, sólo se encuentran sitios donde preguntar, pero no donde proponer. Estoy seguro de que mucha gente puede proponer soluciones no sólo sobre los problemas que ocasiona la pandemia sino también de otras muchas enfermedades que aún ocasionan más muertes que la pandemia misma.

Cuando veo las noticias u otros programas de televisión, me disgusta mucho ver cosas tan absurdas que hace la gente, inclusive quienes tienen cargos de responsabilidad o famosos, que pueden influir en el resto de la gente. Se ve a presidentes, reyes y ministros simular algo que realmente no tiene sentido. Si están muy lejos de otra gente, no tiene sentido que posen usando mascarillas, por ejemplo. Se entiende que si se está en un recinto cerrado, donde hay poco espacio y no hay buena ventilación se utilice este artilugio. Lo mismo si se viaja en un avión, aunque la solución es que haya menos personas en los recintos cerrados, aviones, trenes y otros medios de transporte. En mis entradas del otro blog yo propuse muchas soluciones al respecto, algunas de las cuales se han llevado a cabo, aunque no siempre en la forma más adecuada.

Una de las cosas que me sorprende, justamente, es el uso de las mascarillas. Quien la quiera usar, bien. Cada uno utiliza lo que considera conveniente. En muchos países es obligatorio su uso y quienes no las usan pueden ser castigados. Pero se ha demostrado miles de veces que las mascarillas no son una solución, no es la panacea ni lo más indispensable. Primero, porque para que la mascarilla sea realmente efectiva debe ser construida con materiales que impidan la transmisión de gérmenes que hay en el aire. Si se usa ese tipo de mascarilla se debería gastar una enorma cantidad de dinero, porque, por muy buenas que sean, se deben cambiar constantemente. Podemos ver claramente como la mayoría de la gente ni  siquiera sabe usarlas. He visto infinidad de fotos y vídeos donde la gente se toca la mascarilla, se la saca y se la pone en el cuello y luego nuevamente en la boca. ¿Qué sentido tiene usarlas si se las manosea constantemente y se las contamina con otra parte del cuerpo, donde puede haber gérmenes? Lo importante es mantener las distancias entre personas, es mil veces mejor que el uso de esas mascarillas que, de paso, utilizan muchos materiales que se desechan constantemente y se fabrican por millones. Eso es en absoluto beneficioso para el ambiente. Es un derroche y un peligro para los peces del mar y para otros seres vivientes, para la naturaleza, en general (VER NOTICIA AL RESPECTO).

Otra de las cosas que me disgusta es ver como se “desinfecta” las calles, paredes y vehículos en la parte exterior. Se utiliza una gran parte de productos que, en lugar de desinfectar, lo que hacen es contaminar el ambiente, porque contienen elementos tóxicos (VER NOTICA SOBRE ESTO). No tiene sentido desinfectar paredes, suelos, puertas, etc. Lo importante es no tocar cosas en forma innecesaria. Y si se toca algo, lavarse las manos lo antes posible, antes de tocarnos la boca o la nariz o antes de tocar a miembros de nuestras familias.

Por ahora quiero mencionar otra de las cosas absurdas: saludarse con el codo. ¿Qué estupidez es esa? ¿No podemos saludarnos con una venia, una seña con la mano desde lejos u otro acto que no signifique tocar a  la otra persona? ¿Cómo logramos dos metros de distancia, o por lo menos un metro, si nos tocamos con los codos? Nuestros codos también pueden estar contaminados, como lo pueden estar otras partes de nuestro cuerpo, nuestras ropas, etcétera. Hay gente que se cubre con el codo para estornudar o toser, en lugar de usar papel higiénico. Los codos pueden ser un perfecto vehículo de contaminación viral.

Hay muchas otras cosas que me disgustan por ser contraproducentes y que en nada ayuda a prevenir las enfermedades. Digo enfermedades, porque en el mundo no existe sólo la covid-19, sino además, cientos o miles de otras enfermedades contagiosas.

Recuerdo que hace unos meses, en el apogeo de la pandemia, había un vídeo que se hizo viral porque mostraba a unos niños que jugaban lavándose las manos una y otra y otra vez. Era divertido para ellos y para muchos era didáctico. Pero eso es otra estupidez. Por supuesto que hay que lavarse las manos cuando se ha tocado algo que puede estar infectado o contaminado. Es una buena costumbre, incluso desde antes de la pandemia. Pero lavarse las manos cuando se está en casa, tocando cosas que ya sabemos no están contaminadas y nos tocamos o tocamos a nuestros familiares, no tiene sentido lavarse las manos muchas veces. Además, eso significa exceso de consumo de un bien vital que necesitamos, un bien que está en peligro de agotarse. Para qué no decir la cantidad de jabón que va a ir a engrosar más aún los sistemas de tratamiento de residuos. Nada eso es bueno para el ambiente.

Los desinfectantes (o geles) de manos som importantes cuando no hay posibilidad de lavarse las manos. Pero es absurdo y ridículo hacer lo que hace mucha gente: usan las dos cosas, casi al mismo tiempo. Se lavan las manos y luego usan el gel desinfectante. O, al revés, usan el desinfectante y luego se lavan las manos. ¿Dónde está el sentido común? ¿Cómo es posible que las autoridades sanitarias no den informaciones claras sobre todas estas cosas?

Por último, ¿Ha pensado usted que la mayoría de la gente no limpia la llave del grifo? ¿Cómo se lavan las manos? Pues, yo le voy a explicar detalladamente como lo hace todo tipo de personas, inclusive médicos y enfermeras, porque lo he visto.

Primer paso: giran la llave con una mano contaminada. ¿?

Segundo paso: se lavan muy bien, con agua y jabón. Muy bien!

Tercer paso: cierran la llave del grifo ¿?

Cuarto paso: se secan con una toalla, supuestamente limpia, o con papel. ¿Está todo bien?

¿Ha pensado usted en el detalle de que cuando la persona gira la llave, contamina la misma? Cuando la persona se seca, ha vuelto antes a coger los virus de la llave que ha girado para cerrar el grifo. Por lo tanto, no ha servido en absoluto haberse lavado las manos. Si es una toalla, ha dejado ahí el virus. Si es papel, por lo menos lo tira a la basura. Pero sus manos aún pueden estar contaminadas.

 

 

 

 

 

 

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