RENACER. O COMIENZO DEL FINAL?

Hoy, 24 de junio, caminé por primera vez desde hace muchas semanas. Cuando digo que caminé es porque lo podía hacer sin limitaciones, aunque me sentía incómodo. No tenía nada que me impidiera hacerlo, pero mis músculos se habían acostumbrado a caminar lentamente, para no provocarme dolores. Me esforzaba por dar pasos rápidos, pero mi cuerpo se resistía. En algún lugar de mi cerebro algo me decía que tuviera cuidado, que el dispositivo que había tenido puesto durante muchas semanas se podía desviar y ocasionar inflamación o infección. Era el temor de cada día, con sus 24 horas. Era lo que me impedía dormir por las noches y sentarme frente a un ordenador. Escribir una entrada en mi blog era impensable. A duras penas lograba hacer mis trabajos de la auto-escuela; cada minuto frente a la pantalla era un suplicio. Aún así logré preparar mucho material didáctico y enviarlo a cientos de mis clientes.

Trabajé prácticamente todos los días, a pesar de los dolores y la incomodidad. Podía dar clases a mis alumnos, simulando estar bien. Sonreía, muchas veces, mientras el dolor me hacía retorcerme por dentro. Lo solucionaba, en parte, estirando una pierna y luego otra. Muchas veces se me escapaba algún gemido y me desahogaba cuando ya estaba solo, de regreso en la oficina. Allí gritaba, a menudo, o gruñía, como una fiera herida y acorralada. Luego me armaba de valor y salía con mi sonrisa o con una cara más o menos normal a hacerme cargo de mis alumnos.

Entre todo esto, siempre ha sido mi preocupación cuidarme. Uso varios guantes durante el día, los desinfecto continuamente. En esa forma no necesito lavarme las manos muy a menudo. También desinfecto las llaves de la oficina y de los vehículos cuando las tocan otras personas. Desinfecto los vehículos pero sin exagerar. Soy muy cuidadoso con todo tipo de manillas de los vehículos o de las puertas de casas u oficinas. Apenas toco algo sin guantes ya sé que tengo que lavarme. Mis alumnos se lavan las manos antes de subirse a los vehículos, por lo tanto la seguridad está garantizada.

Hace algunas semanas empecé a tomar un medicamento que puede alterar la presión arterial. Yo siempre he sido enemigo de las medicinas, me gusta solucionar o  -mejor dicho- prevenir cualquier enfermedad, con alimentos naturales: hierbas, semillas y raíces. Tal vez, si me hubiera cuidado mejor utilizando mayores dosis de medicamentos naturales, nunca habría tenido que lamentar esta situación. Ahora me veo obligado a tomar medicinas. A partir de mañana ya son dos las medicinas que debo tomar, aunque el médico me ha advertido que pueden pasar varios meses antes de que hagan efecto. Ahora solo debo tener optimismo. Me siento como si estuviera renaciendo, pero con un temor inmenso de que la crisis me vuelva a atacar. Si eso sucede, creo que perderé todas las esperanzas.

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